¿Fondos desenfocados o nitidez absoluta? Aprende a obtener el efecto deseado y a escoger el más adecuado para cada tipo de fotografía
Miguel Michán
Ahora que sois unos expertos en todo lo concerniente a la apertura, es el momento de empezar a explorar los secretos de la profundidad de campo, es decir, la zona de la imagen que apreciamos de forma nítida por delante y por detrás del punto al que enfoquemos (y que siempre es mayor por detrás que por delante de este punto). En esta influyen tres factores:
1. La apertura del diafragma. Existe una relación inversa entre la apertura y la profundidad de campo, de modo que cuanto mayor es la primera más pequeña es la segunda y viceversa.
2. La longitud focal de nuestro objetivo. Cuanto más grande es la longitud focal más pequeña es la profundidad de campo. Por eso, los teleobjetivos muestran una profundidad menor que los objetivos angulares.
3. Nuestra distancia respecto al punto de enfoque. Cuanto más cerca estés, menor será la profundidad de campo. Por este motivo, en la fotografía macro la profundidad de campo es de milímetros en lugar de centímetros o metros.
Superado esto, tan solo debéis entender que, al igual que ocurre con la exposición, no existe una única opción correcta, sino que tendréis que plantearos la pregunta que encabeza este artículo antes de realizar cada fotografía. ¿Vamos a realizar un retrato? Utilizad una apertura grande (f/2.8 o f/4) para desenfocar el fondo y resaltar la cara con especial atención a la mirada. ¿Un paisaje o una fotografía urbana? Probad con una apertura pequeña (f/11 o f/22) para obtener la máxima profundidad de campo y captar nítidamente cada detalle.
Además de las aplicaciones artísticas con las que mejorar nuestras imágenes, existen otras más prácticas que nos permiten, por ejemplo, fotografiar a un animal enjaulado haciendo desaparecer los barrotes para que parezca que se encuentra en estado salvaje. Lograrlo es tan sencillo como seleccionar la mayor apertura posible en el modo A (o Av en función de la marca de la cámara), utilizar un teleobjetivo y acercarnos cuanto podamos a la jaula (con precaución, claro). Los barrotes aparecerán tan desenfocados que pasarán inadvertidos.