Horizontales, verticales y diagonales. Si te fijas bien empezarás a verlas por todas partes y con unos cuantos consejos podrás servirte de ellas para crear fotografías de un gran valor estético.
Miguel Michán
Para realizar esta imagen del panel informativo de una estación marítima decidí forzar el encuadre para transmitir dinamismo mediante la aparición de esta trama de líneas verticales. - Foto: Miguel Michán
Las líneas son un recurso realmente útil a la hora de acentuar el impacto visual de nuestras fotografías por lo que siempre es recomendable pararnos un momento a localizarlas antes de decidir el mejor encuadre.
Además de ayudarnos a guiar la vista sobre los diferentes elementos de nuestra fotografía, las líneas nos permiten transmitir diferentes tipos de sensaciones. Las verticales se asocian frecuentemente a conceptos como la fuerza (rascacielos) o el crecimiento (árboles), mientras que las horizontales lo hacen a estabilidad o calma (el horizonte, una persona reposando...) y las diagonales a dinamismo o acción (un paso de cebra).
Para acentuar cada una de estas sensaciones podemos servirnos de algunas de las reglas de composición que hemos visto hasta el momento, como la regla de los tercios o la del horizonte. Por ejemplo, descentrando aquellos elementos como el horizonte para ceder un mayor espacio a la zona que resulte más interesante. Además, cuando el horizonte sea especialmente plano o aburrido, lo ideal será localizar un elemento que podamos situar en primer término para hacerlo coincidir con algún punto de interés. Por supuesto, siempre hay excepciones y determinados motivos se prestan a romper estas reglas, por lo que si queréis, podéis utilizar alguna línea particularmente marcada para dividir la imagen en dos.
En cuanto a la regla del horizonte y sus variaciones, poco que no sepáis ya. Salvo que busquéis una composición claramente inclinada, procurad mantener las líneas verticales y horizontales paralelas al marco de la fotografía. Cuando la perspectiva nos lo impida (por ejemplo, cuando le hagamos la foto a un edificio desde abajo), las líneas que tendremos que mantener en ángulo recto serán las del centro de la imagen.
Por norma general, utilizaremos un encuadre vertical donde el alto sea mayor que el ancho para fotografiar motivos con líneas verticales, y un encuadre apaisado donde el ancho sea mayor que el alto para los que tengan líneas horizontales. En el caso de las diagonales, está demostrado por diferentes estudios que la mayoría de las personas tendemos a observar una imagen recorriéndola con la mirada de izquierda a derecha, por lo que si hacemos que la diagonal comience en la esquina inferior izquierda y suba hasta la esquina superior derecha conduciremos la mirada de un modo muy sutil y natural. Eso sí, aunque con estos encuadres resaltamos las características propias de cada tipo de línea, siempre podemos hacer justo lo contrario para enfatizar la extensión del motivo más allá de nuestra foto, encuadrando de forma apaisada elementos verticales como los listones de madera de una valla.
En situaciones como la del ejemplo de la cerca de madera o, en general, cualquier sucesión de líneas paralelas de proporciones idénticas, podemos mejorar aún más nuestra composición incorporando algún elemento con el que romper la dirección de las líneas, por ejemplo, una ventana, un graffiti o letrero...
Una vez dominéis estas sencillas fórmulas podréis empezar a buscar el modo de variarlas o combinarlas para obtener diversos patrones. Todo está ahí, tan solo tenéis que salir a buscarlo.