Si ya domináis la regla de los tercios, esta va a ser un juego de niños tras el que no habrá paisaje que se os resista
Miguel Michán
Si existe una regla de composición más sencilla que la regla de los tercios , esta es la del horizonte, una versión simplificada en la que dividimos la imagen en tres franjas de igual altura y tratamos de hacer coincidir el horizonte con una de las dos líneas divisorias que las separan.
El ejemplo más evidente, aunque no el único, es la fotografía de un paisaje, en la que evitaremos que la línea del horizonte coincida con la mitad de la imagen, dedicando el 1/3 superior al cielo y los 2/3 inferiores a la tierra o el mar. Si es el cielo la parte más interesante de la imagen (por ejemplo en un atardecer), invertiremos los papeles y dedicaremos los 2/3 superiores a este, dejando el 1/3 inferior al resto. Como en la regla de los tercios, el fundamento más básico que se esconde detrás es el de descentrar el motivo.
Pese al nombre, esta regla no se refiere solo al horizonte terrestre, sino que puede aplicarse a cualquier elemento lineal que atraviese la imagen. Además, en todos estos casos también es importante poner a prueba nuestro sentido del equilibrio procurando evitar a toda costa el llamado horizonte caído, un error muy común consistente en cierto desnivel en la linea horizontal. Solo hay que poder un poco de atención a los elementos que nos sirvan de referencia y pulsar el disparador sin inclinar la cámara por la presión. Ya veréis como es lo más sencillo del mundo, y sino, siempre nos quedará Adobe Photoshop.