psicología práctica
Durante las crisis de pánico o angustia pueden aparecer síntomas físicos. En el libro "Del Pánico a la Alegría" de Joaquín Carrizosa puedes encontrar algunas claves que te ayudarán.
CAROLINA GARCÍA
Ejercicios sobre la sensación de mareo o inestabilidad:
La sensación de mareo es muy común en las crisis de ansiedad. Se produce por diversos motivos, entre ellos puede estar una deficiencia en nuestro sentido del equilibrio.
Con estos ejercicios podremos habituarnos a la sensación de inestabilidad o mareo; pero, además, nos servirán para ejercitar el equilibrio. Son válidos para la reeducación sistema vestibular (el que controla el equilibrio):
- Dar vueltas alrededor de una silla (de uno a varios minutos).
- Sentarse y levantarse de una silla (de uno a varios minutos, al ritmo que cada cual pueda llevar).
- Practicar algún deporte o afición que requiera cierto dinamismo, como gimnasia de mantenimiento, baile, tai-chi u otro que requiera movimiento.
- Pasear
- Permanecer de pié, con ambos pies juntos, la espalda recta, los brazos relajados y hacia abajo, la cabeza erguida y los ojos cerrados. Intentar centrarnos en guardar el equilibrio mientras mantenemos esta posición (de uno a varios minutos).
Durante la práctica de estos ejercicios deberemos permanecer muy atentos a las sensaciones que experimentamos, tratando de no evitarlas. Procuraremos aceptarlas como nuestras, pues hemos de aprender a convivir con ellas. En la medida en que consigamos hacer esto, dejarán de provocarnos pánico, e incluso de parecernos molestas.
Ejercicios para combatir la falta de oxígeno.
Muchas personas durante una crisis de pánico o una experiencia de miedo intenso han experimentado la sensación de falta de oxígeno y, consecuentemente, han ido evitando sistemáticamente todo tipo de lugares y situaciones en las que considerasen que podrían tener este problema. Para aprender a superar estas situaciones, os propongo los siguientes ejercicios:
Atención a la respiración
En una posición cómoda, tumbados o sentados, en un lugar tranquilo en el que no vayamos a ser molestados, con los ojos cerrados, dirigiremos nuestra atención hacia la respiración, y respiraremos despacio, lentamente. Observaremos con atención la sensación que produce el aire al entrar por nuestra nariz, y al llegar a nuestros pulmones. Igualmente haremos con el recorrido inverso, saliendo el aire por la nariz, desde los pulmones. Dirigiremos con suavidad, una y otra vez, nuestra atención hacia esas sensaciones que nos produce el aire al entrar y salir por nuestra nariz. Haremos este ejercicio entre 10 y 20 minutos. Igualmente, practicaremos respirando por la boca, con la boca casi cerrada, como si fuésemos a silbar. Respiraremos lentamente, y seremos conscientes de la poca cantidad de aire que necesita nuestro organismo para vivir con normalidad.
Atención a la cantidad de aire inhalado
En segundo lugar tomaremos una gran cantidad de aire y lo mantendremos en nuestros pulmones, sin expulsarlo, durante un rato, entre 30 segundos y un minuto, dependiendo de nuestra capacidad y posibilidades. Igualmente, procuraremos no asustarnos de esta sensación de falta de aire.
Al aire libre
En tercer lugar, ya en la calle o en cualquier lugar o situación en la que nos encontremos frente a la sensación de falta de oxigeno, recordaremos la escasa cantidad de aire que necesitamos para respirar, procurando, a su vez, hacerlo con tranquilidad.
Fuente: "Del Pánico a la Alegría" de Joaquín Carrizosa