psicología práctica
Hay mil motivos de separación, pero a menudo están relacionados con una disparidad entre nuestras expectativas y la realidad.
CAROLINA GARCÍA
En la actualidad la separación o el divorcio están a la orden del día. Ya se acabaron los días en los que los matrimonios tragaban con todo tipo de cosas.
Hoy en día tenemos menos aguante, o tal vez somos más exigentes. Vivimos obsesionados por encontrar a nuestra media naranja pensando, tal vez, sólo en nuestros ideales, sin ver o valorar realmente a las personas con las que convivimos o amamos.
Una separación viene dada por varios motivos: incompatibilidad de caracteres, infidelidades, diferentes objetivos en la vida, distintas metas? Las razones por las cuales se separa la gente son infinitas.
Una vez se ha producido la separación, al encontrarnos solos de nuevo, debemos hacer frente a las siguientes preguntas: ¿Como rehago mi vida? ¿Seré capaz de hacerlo?
Hay que tener claro que, tras la ruptura, nunca se vuelve al punto de partida. El desenamorado no regresa a la casilla cero de su existencia borrando de un plumazo lo malo de su relación.
Nunca seremos los mismos de antes, de igual modo que no podemos volver a suplantar el sentimiento ausente con otro similar, aunque la tentación sea muy grande. Siempre existe en nosotros la esperanza de que la siguiente relación sea la definitiva.
Aunque en España el conflicto de una separación pueda ser duro, ya que es posible que seamos la primera generación de nuestra familia que se enfrenta a una ruptura legal, tarde o temprano terminaremos rehaciendo nuestra vida.