Tu guía de psicología práctica
En la actualidad la separación o divorcio están a la orden del día. Ya se acabaron los días en los que los matrimonios tragaban con todo tipo de cosas porque la finalidad era mantenerse unidos y luchar juntos por esa vida que ambos, con sus más y sus menos, habían elegido.
CAROLINA GARCÍA
28/04/2008
Ahora, por lo que sea, tenemos menos aguante o tal vez somos más exigentes. Vivimos obsesionados por encontrar a nuestra media naranja pensando, tal vez, en nuestros ideales, sin ver o valorar realmente a las personas con las que convivimos o amamos.
Una separación viene dada por varios motivos: discordancia de caracteres, infidelidades, diferentes objetivos en la vida, distintas metas... las razones podrían ser numeradas hasta el infinito.
Pero si estamos separados o queremos separarnos, solos de nuevo debemos responder a la siguiente pregunta: ¿Cómo rehago mi vida? ¿Seré capaz de hacerlo?
El proceso de divorcio
Seguro que quieres que sea lo más tranquilo posible con la menor publicidad posible; que tus allegados se vayan percatando solos de la nueva situación y no tener que ir dando explicaciones a diestro y siniestro. Para esto debes ser sincero contigo mismo.
Ten claro que tu decisión de no contarlo es acertada siempre y cuando no provoque un retraso y por consiguiente un bloqueo en tu propio proceso de asimilación, aceptación y afrontamiento.
Reacciones normales
¿Qué consecuencias psicológicas directas puede aparecer después de un divorcio? Algunas personas después de un divorcio van a reaccionar al principio con ansiedad, malestar o síntomas de depresión leve.
Todos estos síntomas se consideran normales porque la separación puede afectar a la imagen social y a la forma de vida.
Dependiendo de la edad, las habilidades de afrontamiento, el sexo, el nivel de autoestima etc., las reacciones serán más o menos graves y se superarán con mayor o menor facilidad. Si la persona por sí misma supera estas reacciones iniciales y lleva a cabo las conductas de afrontamiento apropiadas no existirá ningún problema psicológico.
No obstante, hay veces en que la persona divorciada comienza a sentir un malestar psicológico desproporcionado o continuo o cambia su comportamiento.