psicología práctica
Las mujeres tienen que rebelarse contra la lacra que suponen los malos tratos. En muchos casos las situaciones de maltrato tienen como antecedente la inmadurez emocional y como consecuencia la pérdida de personalidad.
Carolina García
La inmadurez emocional implica una perspectiva ingenua e intolerante ante ciertas situaciones de la vida, generalmente incómodas. Una persona que no haya desarrollado una inteligencia emocional adecuada tendrá dificultades ante el sufrimiento, la frustración y la incertidumbre.
Sufrimiento
La incapacidad para soportar lo desagradable varía de un sujeto a otro. No todos tenemos los mismos umbrales de dolor o de tolerancia al mismo.
Estas diferencias individuales parecen estar determinadas no solo por la genética sino también por la educación.
Una persona que haya sido contemplada, sobreprotegida y preservada de todo mal en sus primeros años de vida probablemente no alcance a desarrollar la fortaleza para enfrentar la adversidad.
Esto no quiere decir que estas personas tiendan al masoquismo o al autocastigo, o a fomentar el suplicio como forma de vida, sino que evitan reconocer que cualquier cambio requiere una inversión de esfuerzo, un coste que, simplemente, los "cómodos" no están dispuestos a pagar.
Frustración
La clave de este esquema es el egocentrismo, es decir: "si las cosas no son como me gustaría que fueran, me da rabia."
Tolerar la frustración de que no siempre podemos obtener lo que esperamos implica saber perder y resignarse cuando no hay nada que hacer.
Significa ser capaz de elaborar duelos, procesar pérdidas y aceptar, aunque sea a regañadientes, que la vida no gira a nuestro alrededor.
Muchas veces no es la tristeza de la perdida lo que genera la desesperación, sino quién echó a quién.
Los pensamientos de este tipo de personas son los siguientes:
- no aceptan que el amor se escape de su control
- todo debe girar a su alrededor
- deben darme placer
- el amor debe ser a mi imagen y semejanza.
Incertidumbre
La persona apegada vive con la ilusión de la eternidad y la inmortalidad cuando realmente todo se acaba.
El no madurar emocionalmente nos provoca una sensación de pérdida cunado reflexionamos acerca de la muerte y nuestra propia desesperación.