Tu guía de psicología práctica
En la actualidad los medios de comunicación, los políticos y economistas avisan de un cambio o desaceleración fuerte en la economía.
Carolina García
25/04/2008
Lo que está claro es que la crisis económica no afecta solo a nuestro bolsillo. La idea de crisis provoca en nosotros sensaciones de incertidumbre por la falta de información, ya que realmente no sabemos cómo y en qué nos va afectar.
Lo que está claro es que el individuo reacciona igual ante la idea de que una crisis es inminente como a la propia crisis en sí.
Los medios de comunicación provocan primero la idea de crisis, acto seguido la recibe el individuo de forma que empieza a ahorrar, a revisar sus cuentas y a vigilar minuciosamente lo que gasta.
Valorar lo que gastamos y cómo lo gastamos
Muchas veces la idea de si seremos capaces de sobrellevar esta crisis se convierte en el eje principal de nuestras vidas, provocando un estrés desmesurado debido al terror y el miedo inducido por la gran alarma social.
Si hacemos la valoración de ingresos y gastos de nuestra familia, una de las primeras cosas que tendemos a recortar son los gastos dirigidos al ocio, ya que consideramos que estos son secundarios.
Pero desde un punto de vista del bienestar y calidad de vida del individuo, carecer de tiempo de ocio provoca en nosotros un gran malestar, que junto al estrés provocado por la incertidumbre de nuestro futuro económico, afecta directamente a nuestra forma de vida y nuestro estado psicológico y emocional, llegando a veces a patologías más graves como la apatía, la ansiedad y la depresión producidas por el desbordamiento diario y la continua rutina en nuestras vidas.
Ante esta coyuntura, debemos:
1. Conservar la calma. Hay que ser previsores, no adelantar acontecimientos que nos pueden llevar a sentimientos de desesperación excesivos y falta de autocontrol.
2. No crear alarma. La alarma nos lleva al descontrol y evita que seamos capaces de buscar soluciones.
3. Organizar los gastos y los ingresos. Como ser social el individuo necesita también desarrollar actividades de ocio que le ayuden a mantener su bienestar. Por ejemplo podemos salir a cenar a un sitio más barato, ir sólo una vez al cine al mes o buscar actividades de ocio al aire libre, más baratas, y que producen sensaciones de bienestar, ya que no tenemos el lastre de un alto gasto sobre nosotros.
En toda crisis se producen cambios, pero debemos recordar que no sólo debemos vigilar nuestro bolsillo sino que también debemos estar en una predisposición psicológica y emocional adecuada para poder afrontarla correctamente.