Tu guía de psicología práctica
Muchas veces no somos capaces de distinguir si lo que padecemos es una consecuencia directa de la crisis económica, o por el contrario estamos entrando en un estado depresivo.
Carolina García
Los síntomas a consecuencia tanto de la depresión como de la crisis son muy parecidos.
La crisis económica, como cualquier otro acontecimiento vital, tiene una repercusión directa en nuestro organismo y estado de ánimo. Cuando nos vemos estamos inmersos en un periodo de inestabilidad, nuestro cuerpo y mente se resienten.
Los síntomas propios de esta inestabilidad son el estado de estrés continuado, sentimiento de incertidumbre, adelantamiento de acontecimientos, sentimiento de culpa, tristeza/bloqueo, apatía, tendencia al aislamiento etc. Tienen como causa directa la pérdida de empleo, no llegar a fin de mes o una sensación intensa de desasosiego, como el caer al vacío sin red.
Lo más probable es que estos síntomas producidos por la crisis económica desaparezcan cuando esta se estabilice y el horizonte sea esperanzador de nuevo.
La depresión, en cambio, es un trastorno que se caracteriza fundamentalmente por la falta de placer en las cosas, la apatía y la tristeza. Es un trastorno que, como hemos comentado en esta guía previamente, afecta a todos los ámbitos del individuo, tanto el personal como el social. El estado de ánimo depresivo tiene como criterio fundamental que se debe dar la mayor parte del día de la mayoría de los días, manifestado por el sujeto u observado por los demás, durante al menos 1 año.
A medida que la crisis económica afecta cada vez más a los hogares, empezamos a plantearnos el criterio económico como eje principal nuestra felicidad, por lo que empezamos a sufrir las consecuencias. Normalmente las crisis o los acontecimientos extremos unen más a las familias o por el contrario crean más conflicto, pero los síntomas que padecen son propios de la situación, y no de un trastorno mayor.
También es verdad que si está situación se mantiene en el tiempo nos puede llevar a sufrir una depresión, pero cuanto más inmersos estemos en la crisis, más nos exige la situación que tiremos hacia delante. Estar triste o deprimido no va a solucionar el problema.
Tal vez la crisis económica ya te haya afectado a ti y a los tuyos; es improbable que no haya alcanzado a alguien esta situación. Lo mejor es que hagas un autoanálisis de tu estado de ánimo actual; averigua si padeces algún síntoma de los anteriormente citados, ponle solución y no permitas que un bloqueo mental perjudicial bloquee tu estatus y tu vida familiar. Todos sufrimos la crisis y juntos debemos salir adelante.