Desde un punto de vista social, se considera que es muy difícil ser un buen padre. Por el contrario, son muchos los que señalan que ser un padre bueno es sencillo.
Carolina García
Es importante saber cuáles son las características fundamentales de una buena educación. La voluntad y tener las ideas claras y organizadas son algunos ejemplos, sin embargo demasiado escuetos para ser un buen padre.
Diferencias fundamentales entre ambos tipos.
El padre bueno quiere sin pensar, el buen padre piensa para querer de forma que se organiza y se amolda a las necesidades de su hijo con esfuerzo y voluntad.
El buen padre dice que sí cuando es sí, y no cuando es no. Este comportamiento no implica dureza sino educación ya que uno de los principios fundamentales que debe aprender el niño es la diferencia entre el bien y el mal. El padre bueno sólo sabe decir que sí.
El padre bueno hace del niño un pequeño Dios mimado y malcriado que acaba en un pequeño demonio.
En cambio el buen padre no hace ídolos, ve al niño como lo que es un niño.
El buen padre echa a volar la fantasía de su hijo dejándole crear. El padre bueno modula la voluntad de su hijo ahorrándole esfuerzos y responsabilidades.
El buen padre templa el carácter del hijo llevándolo por el camino del esfuerzo y del trabajo.
Y así, el padre bueno llega a la vejez decepcionado y tardíamente arrepentido.
Mientras el buen padre termina por ser respetado,querido y a la larga, comprendido.