Tu guía de nutrición / dietas
Los fármacos autorizados para la obesidad son útiles siempre y cuando vayan asociados a una dieta correcta.
PILAR RIOBÓ
13/02/2008
En el tratamiento farmacológico de la obesidad se puede actuar a distintos niveles. Se puede disminuir la ingesta alimentaria, por ejemplo, con reducción del apetito, que es el mecanismo de acción de sibutramina (Reductil); se puede disminuir la velocidad de vaciamiento gástrico, con el objeto de mantener la sensación de saciedad; se puede reducir la absorción intestinal, que es el mecanismo principal de orlistat (Xenical); se puede actuar sobre los sistemas de almacenamiento de energía en las células de grasa, disminuyendo la síntesis de lipidos y aumentando la eliminación de lípidos del tejido graso; y, por último, se puede aumentar la pérdida de calor del tejido adiposo mediante la utilización de la energía muscular y de otros tejidos por medio de la actividad física, incrementando de esta forma el gasto energético.
Así, se ha establecido que los medicamentos para perder peso aprobados por la administración sanitaria para su utilización a largo plazo pueden ser útiles, junto con la dieta y con la actividad física, en las siguientes condiciones:
- Pacientes con IMC mayor o igual a 30 kg/m2, sin enfermedades ni factores de riesgo concomitantes, y que no hayan tenido éxito en el tratamiento con dieta, ejercicio y modificación conductual.
- Pacientes con IMC mayor o igual a 25 kg/m2, que tengan algún factor de riesgo o comorbilidad asociados a la obesidad, (hipertensión, diabetes...) y que persisten a pesar de la dieta, ejercicio y tratamiento conductual.
El objetivo de todas estas medidas es reducir la grasa corporal, ya que la obesidad se define como un exceso de grasa corporal que resulta perjudicial para la salud. Los fármacos para la obesidad deben ser recetados y controlados por un médico especializado en el tema.