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Equipo editor de Parasaber.com

Alimentos funcionales

Los alimentos funcionales: ¿realmente ayudan?

Ya existen muchos alimentos funcionales a nuestra disposición, desarrollados para mejorar la salud, y su consumo se ha disparado. Pero, ¿merece la pena pagar más? ¿Son realmente útiles?

PILAR RIOBÓ

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Yogur natural

Yogur natural - Foto: © Letty - Fotolia.com

Cada vez es mayor la importancia de las posibles relaciones entre la alimentación y la salud. Ya no se trata de evitar las carencias de nutrientes, sino de lograr la nutrición "óptima". Así, la industria alimentaria, que conoce esta preocupación de los consumidores, está lanzando al mercado una nueva clase de alimentos transformados que, además de alimentarnos, contienen ciertos componentes biológicamente activos, que proporcionan beneficios saludables y pueden reducir el riesgo de padecer enfermedades. El consumo de éstos alimentos funcionales está creciendo espectacularmente entre la población, porque ofrecen ese beneficio extra, siempre y cuando estos alimentos se añadan a una dieta sana y equilibrada por parte del paciente.

El concepto de alimentos funcionales proviene de Japón, a mediados de los años 80. Este término se utiliza para definir ciertos alimentos que han sido desarrollados específicamente para mejorar la salud, y/o reducir el riesgo de contraer enfermedades. Para que un alimento pueda ser considerado funcional, debe ejercer en el organismo una función específica, como mejorar los mecanismos de defensa, prevenir alguna enfermedad, retrasar los procesos de envejecimiento, o facilitar la recuperación de alguna enfermedad.

Un alimento funcional puede ser un alimento natural, un alimento al que se ha añadido un componente, o un alimento al que se le ha quitado un componente.

Por poner algunos ejemplos, las leches enriquecidas en calcio y vitamina D son alimentos funcionales porque una ingesta adecuada de calcio y de esta vitamina puede ayudar a reducir el riesgo posterior de osteoporosis. También se consideran funcionales a los cereales y otros alimentos fortificados con ácido fólico, ya que pueden reducir el riesgo de que una mujer tenga un hijo con defectos del tubo neural. También la leche de soja puede ser considerada funcional ya que es útil para el alivio de los síntomas perimenopáusicos, debido a la presencia de las isoflavonas de la soja. Además, los alimentos que contienen más de 25 gramos de proteína de soja por ración pueden disminuir el colesterol.

Ciertos yogures que contienen probióticos (gérmenes vivos beneficiosos, que se han añadido para mejorar el equilibrio microbiano intestinal, como el Lactobacillus casei o Bifidobacteria sp) , así como otros alimentos con prebióticos, como son la inulina y la oligofructosa -componentes no digeribles que tienen efectos beneficiosos, debido a que estimulan el crecimiento de la flora intestinal- son alimentos funcionales porque pueden mejorar el funcionamiento intestinal y el equilibrio microbiano intestinal. Otros yogures o lácteos funcionales contienen prebioticos (sustratos que favorecen la proliferación de las bifidobacterias en el intestino).

También se consideran funcionales cuando se cambian o incorporan ciertas grasas, como los huevos o leche con grasa omega 3, que puede reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y las arritmias cardiacas. En otros casos se aumenta el contenido de fibra alimentaria que, además de mejorar el estreñimiento y el funcionalismo intestinal puede reducir el nivel de colesterol en sangre y, por lo tanto, el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

En otros alimentos se han añadido sustancias biológicamente activas, como antioxidantes. Los estanoles y esteroles vegetales de yogures y margarinas disminuyen los niveles de colesterol en la sangre en un 14% y, por lo tanto, pueden reducir el riesgo de padecer enfermedades coronarias. El ácido linoleico conjugado (CLA) puede ayudar a evitar los depósitos de grasa.

En estos momentos la prioridad es identificar qué alimentos funcionales pueden realmente contribuir a mejorar la salud, y las autoridades sanitarias están tratando de legislar sobre las alegaciones de salud que pueden realizar los fabricantes, para evitar posibles fraudes.

En general, se puede concluir que los alimentos funcionales, consumidos como parte de una dieta equilibrada y acompañados de un estilo de vida saludable, pueden ser útiles en nuestra alimentación, ya que ofrecen la posibilidad de mejorar la salud y/o prevenir ciertas enfermedades. Pero no son soluciones mágicas. El mejor consejo es incluir en la dieta una gran variedad de alimentos, y así estaremos incorporando muchos componentes beneficiosos.

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