nutrición / dietas
El colesterol elevado o hipercolesterolemia: los niveles de colesterol en sangre por encima de lo normal favorecen la aparición de problemas de corazón.
PILAR RIOBÓ
Tener el colesterol elevado es un problema frecuente y puede afectar a personas de cualquier edad, pero no produce ningún síntoma. No significa estar enfermo. Entonces, ¿por qué hay que preocuparse? Pues porque este exceso de colesterol, insoluble como cualquier grasa, se va a depositar en las paredes de las arterias y puede llegar a obstruir el paso de la sangre de forma similar a cuando se atasca una tubería.
El nivel de colesterol en sangre depende de varios factores: de su absorción intestinal, de la síntesis endógena y de la excreción por la bilis, entre otros factores, como la capacidad de unión a los receptores específicos. La hipercolesterolemia está íntimamente ligada a la arterosclerosis, una alteración degenerativa que afecta a las arterias en las que se forman placas de ateroma. Las enfermedades coronarias son más frecuentes en las poblaciones cuya alimentación es rica en grasas saturadas y colesterol y tienen niveles séricos de colesterol elevados.
Hay dos tipos diferentes de colesterol circulante: LDL o colesterol "malo" y el HDL o colesterol "bueno". Lo idóneo sería tener muy bajos los niveles del malo y altos los niveles del bueno.
Existen dos tipos de hipercolesterolemia:
- Primaria: debida a factores genéticos. Hablamos de la Hipercolesterolemia Familiar. En esta enfermedad hereditaria hay una alteración genética que impide que el colesterol LDL sea degradado, con lo que los niveles de colesterol aumentan progresivamente. En estos casos es frecuente la mortalidad temprana por infarto de miocardio. Afecta a una de cada 500 personas y los expertos estiman que más de un millón de españoles sufren HF, aunque el 70 por ciento de ellos no están diagnosticados ni en tratamiento.
- Secundaria: El aumento de colesterol se asocia a excesos dietéticos (con exceso de grasas animales o alcohol) o a enfermedades hepáticas, endocrinas (diabetes mellitus, hipotiroidismo y anorexia nerviosa) y renales (síndrome nefrótico o insuficiencia renal crónica). También se relaciona con el uso de ciertos fármacos como son los esteroides anabolizantes, los progestágenos, los betabloqueantes.
Tratamiento.
Parte del colesterol procede de los alimentos, pero también el organismo fabrica su propio colesterol. Algunas personas pueden controlar su colesterol elevado sólo con una dieta, pero en otros casos es necesario tomar medicamentos. Estos son muy eficaces y logran bajar los niveles de colesterol malo, pero sólo mientras se están tomando.
Generalmente todas las personas que sufren hipercolesterolemia deben realizar un tratamiento dietético para reducir el nivel de colesterol LDL, aumentar su actividad física y eliminar los factores de riesgo que puedan favorecer el desarrollo de la enfermedad coronaria:
- La dieta debería ser individualizada, disminuyendo los alimentos con alto contenido en grasas saturadas y colesterol, y debe ser rica en ácidos grasos monoinsaturados, fibra vegetal e hidratos de carbono.
- Las grasas saturadas proceden de los productos animales, como la carne, la leche, la mantequilla y el queso; y también de ciertas plantas como los aceites que se obtienen del coco y de la palma.
- Consumir alimentos ricos en fibra (frutas, verduras, legumbres...), utilizar aceite de oliva, restringir los productos de bollería y pastelería, comer preferentemente pescado o carnes magras o de aves como fuente de proteínas y disminuir el consumo de la yema del huevo.
- Se recomienda tomar los lácteos desnatados y moderar el consumo de alcohol.
- La ingesta de esteroles vegetales (habitualmente incluidos en yogures) puede lograr una disminución de hasta el 14% en la absorción del colesterol.
- Además hay que evitar otros factores de riesgo modificables que con frecuencia se asocian como la obesidad y la escasa actividad física.
- El tratamiento farmacológico se reserva para los pacientes que no han respondido al tratamiento dietético o que tienen un riesgo muy elevado de padecer enfermedades cardiovasculares.
Tratamiento farmacológico.
Las sustancias más utilizadas para reducir la concentración de colesterol en sangre son las resinas, fibratos, el ácido nicotínico y las estatinas. Los fármacos para el colesterol (denominados estatinas) logran disminuir el colesterol malo. Pero, ¿hasta cuanto hay que bajar el colesterol malo? En el estudio recientemente publicado Treating to New Targets (TNT), se ha intentado responder a la pregunta de cual sería el objetivo de bajar el colesterol LDL en pacientes que ya padecen problemas de corazón.
Se comparó el tratamiento con dosis bajas del fármaco atorvastatina, con dosis altas del mismo. Se demostró que en pacientes con problemas de corazón, el tratamiento con dosis altas, que logra una disminución aún mayor de los niveles de colesterol LDL, por debajo incluso de las recomendaciones establecidas, logra disminuir aún más el riesgo de nuevos eventos cardiovasculares (infartos, angina...) un 20% más, en comparación con el tratamiento con dosis bajas.