Tu guía de nutrición / dietas
La historia del nadador olímpico Gary Hall, considerado el hombre más rápido del mundo en el agua, contiene un importante mensaje para todas las personas con diabetes.
PILAR RIOBÓ
23/07/2008
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Gary Hall, nadador estadounidense ganador de nueve medallas olímpicas (cinco de oro, tres de plata y una de bronce) obtenidas en los Juegos de Atlanta 96, Sydney 2000 y Atenas 2004, además padece una diabetes de tipo 1. Como todas las personas que padecen esta enfermedad, tiene que pincharse en el dedo varias veces al día, para monitorizar sus niveles de glucosa en sangre, y posteriormente decidir la dosis de insulina que debe inyectarse, dependiendo de la comida y del ejercicio que va a realizar.
El padre de Gary también era atleta y participó en las olimpiadas. Por eso, se puede decir que Gary lleva las Olimpiadas en la sangre. Como todos los nadadores tiene unos músculos largos, con una gran capacidad de estirarse repentinamente, lo que le convierte en un fantástico sprinter. A estos niveles, la diferencia entre ganar o perder se mide en centésimas de segundo. Incluso es difícil decir quién ha ganado a simple vista, y a veces, hay que esperar al dictamen de los marcadores electrónicos.
Gary ganó dos medallas de oro y dos de plata en los Juegos de Atlanta, en 1996. Pero quedó segundo en sus 2 pruebas individuales, los 50 y 100 metros libres, por detrás del ruso Popov. Gary estaba decidido a tomarse la revancha en el año 2000, pero en 1998, desarrolló los síntomas típicos de la diabetes: orinar mucho, beber mucho y visión borrosa. A los 24 años, cuando se le diagnosticó la diabetes tipo 1, el nivel de azúcar en la sangre de Gary estaba por encima de 500 mg/dl (siendo lo normal por debajo de 126). Como el resto de los pacientes con este tipo de diabetes, tuvo que aprender a pincharse y a ajustar la dosis de insulina según sus niveles de azúcar en sangre, y llevar un estricto control de estos niveles, lo que requiere hacerse mediciones entre seis y ocho veces al día, y 12 o 15 cuando debe competir.
La mayoria de los médicos a los que consultó le aconsejaron lo mismo: "No puedes competir a nivel olímpico con una diabetes de tipo 1. Sé realista y déjalo". Está claro que la gente con diabetes tipo 1 puede nadar, e incluso competir, pero en el más alto nivel, las centésimas de segundo son importantes. La razón es que, en la diabetes, la falta de insulina supone un defecto para el paso de la glucosa a las células, lo que significa el aporte de energía al músculo.
Pero tambien el exceso de insulina, y más aún haciendo ejercicio, puede producir una bajada de azúcar en sangre. Y es muy difícil encontrar el balance exacto de estos 2 parámetros mediante la insulina inyectada exógenamente. Los médicos no podían asegurar que la diabetes estuviera tan perfectamente controlada que no interfiriera con el aporte de energía al músculo.
A pesar de ello, Gary volvió a entrenar y logró buenas marcas.
Entonces llegaron las olimpíadas de Sydney, pero los días anteriores tuvo una descompensación de los niveles de glucemia, y tuvo que conformarse con la medalla de plata en los relevos 4 X 100. Además ganó la medalla de bronce en los 100 metros libres.
En su tercera olimpiada en Atenas, Gary tenía ya 29 años. Era el nadador de mayor edad, pero su diabetes estaba muy bien controlada. Aún así consiguió lo que parecía imposible: la medalla de oro en la prueba reina de la natación: los 100 metros libres. Su esfuerzo y tenacidad tuvieron su recompensa.
Esta increíble historia puede ayudar a todas las personas con diabetes a tomar conciencia de que, con un poco de esfuerzo, pueden lograr sus sueños. Lejos de perder la autoestima, Gary Hall se enfrentó el reto más importante de su vida y escribió una de las páginas más memorables de su historia. Recientemente anunció su retirada del deporte, y no vamos a verle nadar en Pekín. Pero su lucha y todo aquello que tenga que ver con la diabetes continúa. Supone un ejemplo para todas aquellas personas que, como él, tienen que convivir con esta enfermedad.
1. 24/07/2008 Paula
Yo convivo con esta enfermedad crónica desde los 12 años. Sin duda, al igual que en muchas otras enfermedades, lo más duro es aceptarla psicológicamente y aprender a vivir con ella. La fortaleza mental te ayuda a todo lo demás, y este es un gran ejemplo. Aprovecho para denunciar la falta de ayuda psicología a los enfermos de diabetes tipo I en particular y a todos los enfermos crónicos en general. Los endocrinos sólo se preocupan de las "cifras" del azucar, pero poco se preocupan del estado de ánimo de sus pacientes.