Tu guía de embarazo
Se trata de saber qué actitudes adoptar ante los acontecimientos de cada día y adaptarnos con normalidad.
MAYKA SÁNCHEZ
15/04/2008
El estrés no es en sí mismo un problema. Se trata más bien de la actitud que nosotros adoptamos ante los acontecimientos diarios, vengan como vengan. Estar sometido a un gran estrés no es llevar una vida muy agitada, con una apretada agenda y un ritmo contrarreloj. Si nosotros sabemos canalizar ese estilo de vida, no tendremos por qué estar estresados. Sin embargo, hay personas que se estresan ante cualquier mínimo imprevisto o situación adversa.
Saber hacer frente al estrés durante el embarazo para protegernos a nosotras mismas y al bebé es una actitud que tal vez requiera cierto aprendizaje. Gracias a él podremos saber cómo encajar con normalidad los diferentes eventos del día y adaptarnos a cada una de las situaciones que exijan más esfuerzo o energía.
Si la futura mamá se siente estresada, de algún modo transmitirá esta desagradable sensación al feto. Se ha observado claramente que cuando una embarazada está muy nerviosa, por las circunstancias que fueren, el pequeño se mueve mucho más en el vientre materno y muestra así su nerviosismo.
Para los expertos, el estrés no es, por tanto, un agente nocivo en sí mismo, sino más bien una respuesta emocional y corporal ante un hecho nuevo, intenso o duradero, que requiere de una adaptación por parte de la persona. El término estrés, que procede del griego stringere (provocar tensión), empezó a aplicarse en ingeniería y física para hacer referencia a la resistencia de los materiales.
No es hasta la década de los años treinta del siglo XX, cuando el experto Hans Seyle plantea una definición distinta, que alude a cómo una persona reacciona ante estímulos que percibe como amenaza. Este planteamiento del estrés, que afecta tanto a humanos como a animales y de muy diversas maneras, no es resultado de la agitada vida moderna. Mientras que para los animales el estrés representa una señal de alerta y un medio de salvación, para los humanos, que inicialmente también sería así, se convierte en patológico cuando se perpetúa o se convierte en una reacción automática de nuestro organismo ante cualquier imprevisto.
Además, en los humanos se da el estrés simbólico o anticipatorio, que es una reacción de ansiedad que responde a la capacidad de estresarnos ante situaciones o hechos que tememos que pueden llegar a producirse y que no necesariamente tienen por qué suceder. Un ejemplo aclaratorio es cuando una embarazada, ilusionada en su espera, empieza a atormentarse después de haber oído alguna mala noticia respecto a otra persona que estaba en las mismas condiciones de buena esperanza. Si se ha enterado de que la otra ha tenido un aborto, el estrés anticipatorio hace que el miedo a sufrir ella también otro aborto la atenace.
Cuando el estrés hace presa en nosotros se producen una serie de reacciones neuroquímicas que repercuten en lo somático o corporal. Una de estas reacciones es la elevación en sangre del cortisol, la hormona del estrés. El estrés deblita nuestro sistema inmunológico y nos hace vulnerables ante la aparición de cualquier enfermedad o alteración de la salud. Es frecuente la elevación de una o más de las siguientes variables: presión arterial, lípidos y glucosa o azúcar.
Aunque no están todavía bien estudiados los efectos del estrés en una gestante, y se piensa que no incidiría en una mayor presentación de malformaciones fetales, sí podría interferir en que apareciesen con más frecuencia alteraciones en el desarrollo fetal, bajo peso, abortos, muerte fetal o parto pretérmino, así como otros procesos que incidan directamente en la salud y el bienestar de la madre y que, a la postre, pueden repercutir en el bebé.
No siempre es fácil plantarle cara al estrés. Incluso a veces hay que solicitar ayuda de un profesional (ginecólogo, psicólogo, médico de familia, psiquiatra) y hasta recurrir a ciertos tratamientos farmacológicos.
Paro vamos a ser optimistas, porque también está científicamente demostrado que una actitud alegre y positiva mejora nuestra calidad de vida e incluso la longevidad. ¿Por qué pensar en negativo y ser derrotistas? ¿Por qué no, mejor, pensar que el embarazo va a evolucionar bien, con sus pequeñas molestias, y que, si surgen problemas, contamos con la ayuda de nuestro ginecólogo y de todos los actuales avances médicos en obstetricia?
De nosotros dependerá en buena medida mantener esa actitud positiva, que actuará como una verdadera barrera de protección ante el pequeño ser que se está desarrollando en la tripa de mamá. Para ello contamos con la ayuda de todos los seres queridos y, si es necesario, habrá que pedirla (por si ellos no se enteran). Será igualmente de gran alivio llevar una alimentación sana y equilibrada, no seguir hábitos nocivos (tabaco, alcohol, drogas) y respetar rigurosamente el tiempo de sueño y descanso.
Veremos cómo plantamos cara al estrés hasta la ansiada llegada de la cigüeña.