Tu guía de embarazo
Se administra farmacológicamente desde que se desea concebir un hijo para prevenir ciertas malformaciones
MAYKA SÁNCHEZ
17/01/2008
Prácticamente todos hemos oído hablar de los folatos y también es cierto que una gran mayoría no tiene bien claro qué son estos elementos y qué importancia tienen en el buen desarrollo de la gestación. El término folatos incluye un amplio grupo de compuestos derivados del ácido fólico. Estas sustancias, que se incorporan al organismo mediante la alimentación, son necesarios para mantener la salud del cuerpo humano, ya que están implicados en diversos procesos metabólicos del organismo.
Los folatos se encuentran en una gran variedad de alimentos. Los más ricos en estos compuestos son las hortalizas de hojas verdes (brécol, lechuga, repollo, acelgas), frutas frescas, carne (sobre todo, hígado y riñones), pescados, judías y nueces. En el proceso de cocción de las verduras se pierden del 50% al 96% de los folatos, por lo que las verduras y hortalizas que no necesitan cocción y pueden tomarse crudas o en ensalada aportan mucho más de estas sustancias.
Teóricamente, en los países desarrollados y con una alimentación normal no se suelen producir anemias por déficits de folatos. No obstante, conviene tener presente que estos micronutrientes son termolábiles, es decir, vulnerables a los cambios de temperatura, por lo que los procesos a los que son sometidos los alimentos (ebullición, esterilización o congelación) influyen en la disminución de concentraciones de folatos.
Existen algunos grupos de población particularmente expuestos a las carencias de estos compuestos en las sociedades industrializadas: las embarazadas, las mujeres lactantes, los ancianos y los bebés.
Cuando existe déficit de folatos en la gestante, los tejidos del embrión pueden verse afectados seriamente, hasta el punto de llegar a provocar su muerte (aborto). En cuanto a las malformaciones fetales, las principales están relacionadas con los defectos en el cierre del tubo neural (anencefalia, encefalocele y espina bífida o meningocele), labio leporino y fisura palatina. También pueden producirse trastornos en el desarrollo fetal (crecimiento intrauterino retardado, recién nacido de bajo peso, parto pretérmino o prematuro) y alteraciones en el metabolismo del sistema nervioso (retraso mental y motor).
Desde hace unos quince años hay evidencias científicas de que la administración de ácido fólico en forma de fármacos durante el periodo preconcepcional y en los primeros meses de embarazo disminuye significativamente el riesgo de recién nacidos con defectos del tubo neural.
Actualmente, la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) y otras sociedades científicas internacionales competentes recomiendan, sistemáticamente, la suplementación farmacológica de estos compuestos desde que se desea concebir un hijo y hasta finalizado el primer trimestre del embarazo. El 21% de todas las anemias de la gestante se debe a carencia de folatos, ya que, al igual que la anemia por déficit de hierro, es muy frecuente al aumentar las demandas de estos micronutrientes en el nuevo estado.
Actualmente, en todos los países desarrollados se administra de forma profiláctica a las embarazadas (y mejor aún desde que se desea concebir un hijo) hierro y también folatos, para la prevención de malformaciones fetales como la espina bífida.
Recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud
Las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en cuanto a las necesidades diarias de estas sustancias para mantener su equilibrio en el organismo son las siguientes: desde el nacimiento hasta los seis meses de vida: 40-50 microgramos; de los siete a los doce meses: 120; de uno a doce años: 200; adultos, embarazadas y lactantes: 400.
La reserva total de folatos es de 5-20 microgramos. Si se tienen en cuenta las necesidades diarias de estas sustancias, tal reserva no dura mucho cuando es insuficiente su aporte a través de la dieta, considerando además que cada día se eliminan por la orina de dos a cinco microgramos.
Los trastornos del tubo neural
Los trastornos del tubo neural que pueden prevenirse con la administración farmacológica de folatos se suelen producir a la altura del cerebro y de la columna vertebral. En el primer caso pueden aparecer dos procesos: anencefalia y encefalocele, mientras que en el segundo aparece la llamada espina bífida.
La anencefalia se caracteriza por la ausencia total o parcial del cerebro fetal, incluyendo la bóveda craneal y la piel que la recubre. La frecuencia en España era de 1998 de 0,62 por cada 10.000 nacidos vivos y del 1,67 por 10.000 hasta bien entrada la década de los noventa. Fue entonces cuando la SEGO incluyó en sus protocolos de actuación la suplementación con folatos, y a partir de entonces estos problemas han descendido notablemente.
La espina bífida es una malformación del tubo neural, que consiste en la falta de unión de uno o varios arcos vertebrales, por lo que el canal neural queda abierto. La lesión puede localizarse a diferentes alturas de la columna vertebral, con peor pronóstico cuando se encuentra en la región cervical y dorsal. Las consecuencias de este problema en un recién nacido son la parálisis de las piernas, que puede oscilar desde una lesión leve hasta una grave; la debilidad de los músculos de la vejiga y el tracto intestinal, por lo que se sufre incontinencia urinaria y fecal y, en algunos casos, hidrocefalia (exceso de líquido cefalorraquídeo).