embarazo
La llegada de un hijo no tiene por qué relegar al padre a un segundo lugar.
Mayka Sánchez
Tradicionalmente, durante el embarazo y el parto los únicos protagonistas eran la madre y el hijo. El papel del padre pasaba a un segundo plano "porque eso era cosa de mujeres". En esta GUÍA, sin embargo, siempre subrayamos la importancia del rol paterno desde que el bebé es concebido, porque traer un hijo al mundo es cosa de dos.
Mientras el bebé está en el claustro materno el padre no puede inhibirse de sus responsabilidades como tal, ni tampoco renunciar a los buenos momentos de esa etapa: acompañar a mamá a hacerse una ecografía y ver las primeras fotos del pequeño, sentir las pataditas a través del vientre materno... Son emociones íntimas que, siempre que sea posible, deben compartir ambos progenitores. Además, el padre puede y debe ser un gran apoyo emocional para su pareja durante todo el embarazo y en el crítico y especial momento del nacimiento.
Cuando el chiquitín llega a casa y se convierte en el eje de la vida familiar, las reacciones del padre son variopintas. Puede mostrase alegre por el feliz acontecimiento, pero inhibirse por completo en los cuidados e incluso en las muestras de afecto. Sin embargo, es fundamental que la pareja esté muy unida para mantener el equilibrio del hogar, sin convertirse en esclava de un pequeño tirano y por el propio desarrollo afectivo del bebé.
El padre no tiene por qué sentirse excluido ni la madre debe centrar toda su atención en el hijo. Ambos han de ser seguir manteniendo un estrecho vínculo afectivo como pareja, sabiendo que hay un nuevo ser que precisamente es fruto de su amor. La actitud de un padre implicado, que ayuda y participa en los cuidados del bebé, resultará mucho más gratificante para sí mismo y para la madre. Incluso el bebé lo agradecerá.