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La incorporación al trabajo ha hecho que se retrase la edad para ser madre
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El 8 de marzo, como cada año, se celebra en todo el mundo el Día de la Mujer Trabajadora. La adquisición de este derecho, recogido en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, ha supuesto una verdadera revolución social, que no sólo ha beneficiado a la propia fémina, sino también a todo el conjunto de la sociedad. Con la incorporación de la mujer al mundo laboral se ha retrasado notablemente la edad para ser madre, especialmente en los países desarrollados, y este factor condiciona a menudo una mayor dificultad para concebir.
Se calcula que por cada año que se retrasa la maternidad se reducen un 5% las posibilidades de quedarse embarazada. También la edad materna avanzada influye, teóricamente, en mayor riesgo de abortos espontáneos, de complicaciones gestacionales y de malformaciones fetales congénitas. Pero esto no tiene por qué ser algo desolador para esas mujeres que se plantean la maternidad bien pasados los 30-35 años. Es cierto que a partir de esta edad el aparato ginecológico empieza a ser menos fértil y la calidad de los óvulos empeora. Pero la realidad es que cada vez más mujeres en las sociedades industrializadas tienen hijos de forma natural pasados incluso los 40 años.
Y si la naturaleza no lo permite, la ciencia biomédica pone a su disposición los grandes avances en las técnicas de reproducción asistida. Las más indicadas en esta situación son el diagnóstico genético preimplantacional y la vitrificación de óvulos. Durante lo que llevamos de siglo se ha incrementado un 16% el número de mujeres que sueñan con ser mamás a edades avanzadas.
Técnicas
Diagnóstico genético preimplatacional (DGP): Esta técnica permite reducir las posibilidades de que el bebé presente alteraciones cromosómicas o patologías hereditarias. Gracias al DGP, es posible examinar genéticamente los embriones conseguidos a través de fecundación in vitro y detectar si son portadores de anomalías cromosómicas, para así evitar transferirlos al útero materno. Para ello se extrae una de las 6-8 células de cada embrión y se somete a una biopsia embrionaria. Mediante este avanzado análisis genético se comprueba si el embrión es portador de alguna alteración cromosómica (síndrome de Down u otras).
Vitrificación de óvulos: Se trata de un método preventivo, por el que la mujer decide congelar sus óvulos a edades más jóvenes, en su época más fértil, ya sea en solitario o bien con una pareja con la que quiere retrasar la edad de tener hijos. Los óvulos congelados se pueden descongelar en cualquier momento y ser transferidos al útero materno el día que la futura mamá lo decida.
Donación de óvulos: Es la última opción para muchas parejas de ser padres. Está dirigida especialmente a parejas con problemas de esterilidad que puedan solucionarse sustituyendo los gametos femeninos (óvulos) de la pareja por los de una donante sana y fértil. Esta técnica cada vez es más demandada y llega a alcanzar hasta el 50% de las parejas mayores de 40 años que acuden a centros de reproducción asistida, ya multiplica por siete las posibilidades reales de conseguir el embarazo.