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Mayka Sánchez

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La preeclampsia, una complicación peligrosa

Esta enfermedad se produce durante el embarazo y provoca el aumento de la tensión arterial, proteínas en la orina y edemas en las extremidades.

Ana Almendro Franco

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Cuidarse en el embarazo y aletarse de cualquier cambio sospechoso son las claves para prevenir enfermedades como la preeclampsia.

Cuidarse en el embarazo y aletarse de cualquier cambio sospechoso son las claves para prevenir enfermedades como la preeclampsia. -

La preeclampsia, también llamada toxemia gravídica, es una enfermedad propia del embarazo. Suele aparecer a partir de la semana 20 de gestación y no es muy común, sólo la padecen entre el 5 y el 8% de las embarazadas.

Síntomas

La hipertensión arterial , retención de líquidos (edemas) y proteínas en la orina (proteinuria) son algunas de sus consecuencias. Hay varios niveles, puede ser leve, moderada o severa. Esta enfermedad no tiene cura farmacológica sino que se soluciona con el nacimiento del bebé, que deberá ser programado según la edad gestacional y el estado de salud materno-fetal.

¿Qué la provoca?

Actualmente no se conoce ningún factor que sea la causa al 100% por 100%. Pero si hay algunos estudios que concluyen que la dieta, los trastornos autoinmunes, los problemas vasculares o la predisposición genética pueden ser algunas causas posibles.

También han revelado estos que suele ser más frecuente en los primeros embarazos y en embarazos múltiples. La edad de la madre también puede influir, tanto si es una madre adolescente o una madre pasados los 40. Y por supuesto, si la madre ha padecido alguna enfermedad como diabetes o hipertensión.

Consecuencias para el bebé

La preeclampsia impide que el bebé crezca dentro del útero. Además reduce el líquido amniótico y si es muy grave puede incluso provocar el desprendimiento de la placenta. En definitiva, pone en riesgo la vida del bebé por eso la necesidad de provocar el parto lo antes posible.

Cómo prevenirla

La única forma de prevenirla es sometiéndose a controles constantes de la presión arterial, la orina y el peso. Mientras más avanzada esté la enfermedad más complicado es salvar la vida del bebé.

La inducción al parto sólo se recomienda en casos graves de preeclampsia y si la embarazada está entre las semanas 32 y 34. En cambio, en embarazos de menos de 24 semanas, la inducción al parto reduce a una probabilidad muy pequeña la superviviencia del feto. En estos casos se suele tratar a la madre con esteroides para que los órganos maduren antes y con calcio y vitaminas para prevenirla o reducir los síntomas. Aún así, si se ha sufrido esta enfermedad en partos anteriores la posibilidad de sufrirla nuevamente es alta.

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