Tu guía de embarazo
La llegada de otro hermanito puede ser dolorosa para el mayor que ya estaba en casa si no se le hace partícipe desde el primer momento
MAYKA SÁNCHEZ
22/09/2008
A nadie le gusta ser sustituido por nadie ni perder los privilegios que tenía. Esta sensación, dentro de los límites de la mente infantil, puede acentuarse con la llegada de un nuevo hermanito. Los menores de cinco años son los más vulnerables a lo que podríamos llamar el síndrome del príncipe destronado, como refleja como gran ternura el escritor Miguel Delibes en la obra que lleva este título.
El pequeño puede vivirlo con gran angustia, como que viene otro a ocupar el lugar que sólo era de él y que le pertenece a él por derecho propio, por haber sido el primero o, simplemente, por haber llegado antes.
En opinión de los expertos, desde el momento en que sabemos la feliz noticia hay que empezar a hacerle partícipe de la llegada de un nuevo ser a casa. Hacerle partícipe no significa otorgarle responsabilidades, sino hacerle ver ventajas, como que va a tener con quien jugar, que ya no estará solo. El mayor debe tener muy claro que el bebé viene para que él le quiera, no para cuidarle y, mucho menos, para ser sustituido por él.
Los primeros cinco meses suelen ser los peores y, según como sean los niños y el entorno familiar, el mayor puede convertirse en un pequeño tirano, que chantajea emocionalmente a papá y a mamá y que muestra unos celos que significan rechazo hacia el bebé y una enorme carga de sufrimiento para él.
En esta situación, los padres no deben dejarse llevar por la tiranía del primogénito o mayor, pero sí deben darle grandes dosis de comprensión y de ternura. Que todas sus acciones vayan encaminadas a demostrarle lo mucho que le seguimos queriendo y que, porque haya llegado un bebé que requiere mucha parte de nuestra atención, él sigue siendo "nuestro niño querido" y nadie le va a suplantar.