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El nuevo Fiesta es atractivo, con un comportamiento excepcional y un toque deportivo en su versión tope de gasolina y 120 CV, que tampoco gasta demasiado combustible.
Carlos Miquel
En la década de los ochenta un modelo se hizo popular entre los jóvenes, el Fiesta XR2. Durante años disfruté de su versión de 1987, un 1.6 de 96 CV y carburador para un peso de 890 kilos. Muy bajo, sus sensaciones eran deportivas, con un precioso sonido de admisión, una dirección muy directa y una cierta tendencia, algo delicada, a cruzarse al límite. Veintidós años después Ford retoma el espíritu de aquel modelo que hacía el 0-1000 metros en 32,1 segundos y que, sin ser ni mucho menos el más prestacional del mercado, sí que era asequible a muchos bolsillos. ParaSaber.com ha podido probar y disfrutar el nuevo Fiesta 1.6 Sport de 1.600 centímetros cúbicos y 120 CV de potencia, un coche emocional en su estética, en su interior y con un toque de picante ideal para los que nos gusta conducir. Es el heredero.
Lo primero que desmarca al nuevo Fiesta del utilitario que estuvo hasta 2008 en el mercado es su impactante estética, con un importante faldón delantero y las agresivas líneas del 'kinetic design', todo un cambio respecto al apagado modelo anterior. El interior, bien acabado, aunque no tanto en la parte inferior del salpicadero, es exponencialmente mucho más atractivo, con la consola central tipo Nokia fácil de usar y bonita. Una vez acomodados en sus asientos deportivos lo primero que sorprende es la excelente posición de conducción, mejor incluso que la de un Focus (con el asiento quizás demasiado alto). Las manos caen a la perfección en el volante y la visibilidad delantera es redonda.
Arrancamos y sentimos el ronroneo del motor, menos grave que el de aquel XR2, algo ruidoso para un usuario TDI, y atractivo entre las 3.000 y las 4.500 revoluciones. Por encima suena demasiado, aunque sin ninguna vibración. Es un motor alegre, sin demasiados bajos pero con una excelente subida de vueltas a partir de las 3.500 revoluciones hasta más de 6.000. Como en los viejos tiempos. Los desarrollos cortos le convierten en plenamente utilizable para uso diario desde las 2.500 vueltas. Y no consume demasiado, en un uso alegre mixto ciudad carretera ronda los ocho litros de media a los 100 km. Hablamos de un coche capaz de acelerar de 0 a 1.000 metros salida parada en 31,5 segundos, entre los más veloces de su clase, y de alcanzar los 193 km/h. Pesa 1.090 kilos, mucho más que el viejo Fiesta, pero su mayor caballaje y la evolución de los tiempos le permite consumir litro y medio menos.
Lo mejor del coche es la espectacular puesta a punto de su chasis. En un puerto de montaña de curvas de velocidad media se inscribe en los virajes con una precisión altísima, no balancea, subvira muy poco y redondea ligeramente las curvas sin los sustos del viejo Fiesta. En caso de duda, actúa el ESP. En las pruebas del alce realizadas con él ha obtenido las mejores cifras del mercado. Tampoco pierde tracción a la salida de las curvas, y hasta goza de un buen aplomo en curva rápida, lo único en lo que un compacto de alto nivel puede batirle. A la dirección eléctrica hay que acostumbrarse un poco, porque se tiende a girar el volante más de la cuenta, pero también es efectiva.
En el capítulo de defectos, lo único que se le puede achacar es que no tenga diez centímetros más de longitud, suficiente para que el maletero, que no está mal con sus 300 litros, fuera de verdad más práctico. Tampoco es buena su anchura trasera, y su cerrado diseño perjudica la visibilidad tres cuartos. Ni es de recibo que no lleve termómetro de temperatura del agua. Es un coche atractivo, completo y al que ahora se puede acceder por un precio interesantísimo, 14.000 euros con los descuentos.