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Máximo espacio monovolumen frente a un familiar con un toque deportivo.
Carlos Miquel
Mi mujer y yo discutimos después de probar los dos modelos más lujosos dentro de la gama familiar de Ford. Ella me decía que prefería sin duda el Galaxy. Por su confort excelente, producto de su suspensión regulable electrónicamente, un maletero infinitio (de 830 litros con cinco plazas), y la posición de conducción, alta y con una visibilidad perfecta. Yo le decía que prefería el Mondeo. Tiene la misma plataforma, pero un centro de gravedad bastante más bajo (21 centímetros) que le hace más estable en curva y con un límite más alto. Pesa casi doscientos kilos menos y eso alivia al motor, que empieza a quedarse un poco corto ya en la berlina. Sin embargo, pierde y claramente, en la conquista del espacio. ¿Quién ganará?
Mi caballo de batalla es el de alguien a quien le gusta la conducción, algo en lo que no puedo convencer a mi chica, que quiere confort por encima de todo. Tenemos una hija y otro en camino y un viaje de vacaciones se convierte en una acumulación de cachivaches. Recuerdo lo mucho que disfrutó en un Toyota Land Cruiser, un auténtico tren de carretera y de campo, con su doble amortiguador.
El Galaxy tiene siete plazas, mientras que el Mondeo cinco, aunque la del centro de la banqueta trasera es más prominente e incómoda. El monovolumen grande de Ford ofrece plazas individualizadas, regulables longitudinalmente (algo que no tiene el Mondeo) y más cómodas por su posición, menos tumbada y visibilidad (con la opción de techo panorámico viajar detrás es un placer). Frente a esto el familiar ofrece dos plazas traseras muy cómodas, las que en realidad se suelen utilizar y un maletero que es más que suficiente, de 550 litros de capacidad (para qué más, le digo siempre a mi mujer). Hay muchos huecos para pequeña impedimenta en el techo del Galaxy, y un espejo retrovisor extra con el que vigilar a la prole. Y luego está el hecho de las dos plazas suplementarias, que reducen el maletero a 270 litros.
Es cierto que el hecho de que se oculten ha mejorado la practicidad de los monovolumen muchísimo. De hecho, recuerdo un viaje con el antiguo Galaxy en el que sudé más en desmontar los asientos, de 18 kilos cada uno, que en los 600 kilómetros que me separaban de Andorra. Pero no se dejen engañar por la publicidad. Para levantar los asientos del Galaxy actual hay que tener un buen brazo y tirar hacia arriba de una manera correcta. Cuesta mucho más de lo necesario y bastante más que en otros modelos. Después, la banqueta es más pequeña que las de la segunda fila y el respaldo también. Es decir, son algo menos cómodas que los demás.
En carretera el Galaxy es muy sano. Subvira en cuanto se fuerza el ritmo y se nota la inercia de sus dimensiones mucho más que en el Mondeo. No es que tenga un mal comportamiento, al contrario es muy bueno para un monovolumen de sus dimensiones, pero el límite está mucho más cerca que en el Mondeo. No permite una alta velocidad de paso por curva (tampoco es su misión), y se queda en pañales frente a la adherencia del Mondeo Titanium, que da la sensación de no tener fin. Especialmente en curvas rápidas. En las lentas subvira un poco más, pero su dirección directa le confiere un tacto más deportivo que un Laguna, por ejemplo. En la estabilidad de ambos también influyen sus neumáticos de serie. Estamos entre los relativamente modestos 215/60 del Galaxy frente a los agresivos 235/40 sobre llanta de 18 pulgadas de su rival de marca. Esto también marca diferencias en el confort. Suave el monovolumen y algo más seco, especialmente en los molestos bonchos de nuestras ciudades, el deportivo Mondeo. No es una tabla tampoco.
En fin, yo quiero un gran coche familiar que me permita disfrutar en las curvas y tenga un ligero toque deportivo y tengo que recurrir a un argumento decisivo para convencer a mi mujer: el precio. Un Mondeo Titanium con climatizador bizonal, sensor de luces y lluvia, faros adaptativos, retrovisor interior antideslumbramiento, arranque sin llave, tapicería mixta cuero tela muy agradable, audio Sony con cargador... Cuesta 27.815 euros. Mientras que el Galaxy Ghia añade el freno de estacionamiento eléctrico y los neumáticos anti pinchazo por 38.510 euros (11.000 más). Ah, se me olvidaba, a partir de 140 km/h es bastante más ruidoso que la berlina, muy silencioso, al ser un muro frente al viento. Eso sí, se le puede equipar con un sistema multimedia en los reposacabezas con el que callar a los niños. El otro problema del Galaxy es que en la gama existe un modelo que lo canibaliza, el S-Max, sólo algo más pequeño de altura, y sin el buen gusto del acabado Ghia, pero que cuesta siete mil euros menos... Mejor ése no se lo enseño a mi mujer.