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El descapotable de la marca japonesa recibe cambios estéticos e innovaciones como la entrada para MP3 y el bluetooth, así como mejoras en el motor y un nuevo cambio automático
Carlos Miquel
El Mazda Mx-5 es el coche ideal para pasar con nota la crisis de los 40. Sus dos décadas en el mercado le convirtieron hace años en objeto de deseo de la generación baby-boom. Esta generación ha crecido, sus hijos empiezan a ser mayores e intenta sentir la libertad de su alopecia al viento. Es el capricho de las cuentas saneadas y se cotiza mucho como coche de segunda mano. La firma japonesa acaba de renovar este pequeño roadster, que es ya un clásico, con mejoras en sus motores, especialmente en el dos litros que suministra sus 160 CV de potencia a un régimen de los de antes, a 7.000 vueltas, más arriba que en la versión anterior y con una estirada que concluye a las 7.500 revoluciones con un sonido embriagador. Alcanza los 218 km/h de velocidad punta y acelera de 0 a 100 km/h en 7,9 segundos.
La otra gran novedad es la incorporación de una caja de cambios automática de seis marchas opcional con levas en el volante, que aumenta aún más el placer de conducción de sus escasos 1.010 kilos de peso (menos que un Ford Fiesta actual). Sólo disponible en la versión con techo duro eléctrico escamoteable. Cambia también ligeramente la estética, con nuevos paragolpes delante y detrás, y faldillas laterales. Y se modifica el interior. Tiene ahora más huecos para depositar pequeños objetos y se moderniza con gadgets como el bluetooth o la entrada para la conexión del MP3.