Piel y pelo

Leishmaniosis

El primer caso de Leishmaniosis detectado en animales de compañía fue descrito por Nicole en el año 1808.

CARLOS RODRÍGUEZ

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Perro con leishmaniosis

Perro con leishmaniosis - Foto: CARLOS RODRÍGUEZ

En nuestro país, el primer investigador que realizó una descripción completa de la enfermedad fue Dionisio Álvarez, en el año 1810.

La causa

La leishmaniosis es una enfermedad que puede transmitirse del hombre a los animales y de los animales al hombre, y por ello cumple escrupulosamente con la definición de zoonosis; esta patología es debida a un protozoo flagelado (organismo unicelular con flagelo o cola) del género Leishmania, que puede afectar a los vertebrados con la genuina, única e imprescindible ayuda de la picadura de un mosquito: el Phlebotomus.

Para ser más exactos diremos que son las hembras de este insecto las únicas responsables de la transmisión de la enfermedad, ya que son hematófagas (se alimentan de sangre); esta curiosa característica alimentaria facilita la transmisión del parásito desde un animal enfermo a un animal sano.

La hembra de Phlebotomus es de hábitos nocturnos, suele actuar en zonas húmedas con ambientes cálidos y siente cierta predilección por las zonas rurales y la periferia de las ciudades.

La enfermedad provocada por estos pequeños vampiros afecta principalmente a los perros, siendo raras las ocasiones en las que el gato o el ser humano se ven afectados (los casos de Leishmaniosis en personas se producen en individuos con el sistema inmunitario gravemente afectado: ciertos tipos de cáncer, SIDA...)

Transmisión

Esta enfermedad "del mosquito" se manifiesta principalmente en América Latina y en países mediterráneos como España, Portugal, Italia, Francia, Malta, Grecia... y lo hace en las temporadas en las que los mosquitos hacen su aparición; el comienzo del problema, que como ya hemos dicho coincide con la aparición de los mosquitos, es entre abril y mayo, finalizando entre septiembre y octubre (con las lógicas variaciones climatológicas anuales).

En nuestro país las dos únicas especies de mosquitos transmisores de leishmaniosis son los Flebotomus perniciosus (actúan en zonas áridas mediterráneas siendo los más habituales) y los Flebotomus ariasi (actúan en zonas frías y húmedas).

Aspectosa clínicos

Cuando el parásito se difunde por el organismo del animal no suele hacerlo al azar, ya que tiene sus preferencias: por la piel (leishmaniosis cutánea) o por determinadas vísceras (leishmaniosis visceral).

En lo referente a la piel, un animal con leishmaniosis cutánea puede presentar los siguientes signos y síntomas: Dermatitis exfoliativa con alopecia, ulceraciones, onicogrifosis (crecimiento exagerado de las uñas), formación de nódulos y pústulas, hiperqueratosis, despigmentación nasodigital, descamación y alopecia auricular y periocular, placas eritematosas y pelo opaco y quebradizo.

Cuando se ven afectados los órganos internos, el animal padece leishmaniosis visceral y puede presentar los siguientes problemas: Aumento del tamaño abdominal por el aumento del tamaño del hígado (esplenomegalia), pérdida de peso, disminución de la actividad... y uno de los datos más graves e importantes: la alteración del riñón; por desgracia, si esto último sucede, el desenlace en la mayoría de los casos suele ser fatal.

Aparte de los síntomas dermatológicos y viscerales, pueden aparecer otros síntomas como: Aumento del tamaño ganglionar de forma localizada o generalizada (síntoma presente en más del 90% de los casos), alteraciones locomotoras (poliartritis, polimiositis...), fisuras en las almohadillas, úlceras entre los dedos, rinitis, epístasis (sangrado por la nariz), neumonía, colitis, conjuntivitis, queratitis,...

Diagnóstico

El diagnostico de la Leishmaniosis no es sencillo... su dificultad radica entre otras razones en las siguientes:

- Signos clínicos muy variables.

- Histopatología (estudio de los tejidos afectados) no específica.

- Ausencia de test rápidos de diagnostico fiables al 100%.

- Posibilidad de que el perro sea transmisor de la enfermedad sin manifestar ningún síntoma.

Para intentar paliar estos problemas, existen dos tipos de diagnósticos:

- Técnicas directas: con ellas se intenta visualizar directamente al parásito en cualquiera de sus estadios evolutivos.

- Técnicas indirectas: lo que se evidencia es la respuesta humoral o celular específica.

Por tanto, ante la más mínima sospecha, y tras la observación de alguno o varios de los síntomas antes citados, debemos acudir al veterinario para que confirme o descarte la presencia del parásito.

Entre las pruebas que el profesional puede realizar están las siguientes:

- Analítica sanguínea y serología.

- Identificación del parásito:

- por aspirado ganglionar.

- por aspirado medular.

- Cultivos tisulares.

El diagnóstico precoz de la enfermedad es fundamental para aplicar un tratamiento efectivo; si detectamos el problema en sus primeras fases (incluso sin existir síntomas de enfermedad), podemos asegurar que los tratamientos conseguirán mantener a raya el problema; por esta razón es fundamental realizar una analítica anual de leishmaniosis para confirmar o descartar la presencia de esta enfermedad.

Tratamiento

Si nuestro animal ha tenido la mala suerte de tener la enfermedadtras las analíticas pertinentes, debemos tener en cuenta que existen gran número de tratamientos encaminados a mantener un buen estado general de la mascota; es justo decir que actualmente, y a pesar de todos los esfuerzos y combinaciones farmacológicas, aun no podemos decir que la leishmaniosis tenga una cura definitiva.

Por el contrario, afirmaremos que cada vez son más los animales enfermos que tras un tratamiento individualizado y habiendo realizado los controles periódicos, mantienen una calidad de vida más que digna, siendo limitantes los casos en los que la mascota presenta una afectación visceral grave (principalmente renal). En este último caso puede ser lógico plantearnos la eutanasia: un perro con leishmaniosis visceral que afecte gravemente a su riñón debe valorarse como un paciente con una pésima calidad de vida... quizás en este caso, por mucho que nos duela, no debería plantearse el tratamiento; un estudio completo del caso (analítica sanguínea, ecografía renal...) permitirá al veterinario sugerirnos esta difícil opción.

prevención

Aunque muchos estarán en total desacuerdo con lo que viene a continuación, debemos decir que ante la presencia de un gran número de perros enfermos y con el fin de evitar la propagación descontrolada de la enfermedad, la OMS (Organización Mundial de la Salud) aconseja el sacrificio de los perros enfermos de leishmaniosis como medida ideal de control.

Para no tener que llegar a plantearnos tan cruda recomendación, es lógico contemplar aquellos métodos que minimicen el riesgo de transmisión de la enfermedad, debemos preocuparnos por la prevención.

Pero lo que todos deseamos es la llegada de una vacuna eficaz... por desgracia, su llegada, aún tardará; su aparición debe cumplir ciertos requisitos como la larga duración de su efecto, un precio económico y razonable para poder producirla y comercializarla... aún falta tiempo.

Finalmente y como parte importante de la prevención debemos acudir al veterinario de forma periódica (al menos una vez al año) para recordar las mejores medidas preventivas y efectuar el diagnóstico. Por desgracia, más de un 30% de perros no han acudido al veterinario en los últimos dos años.

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