Tu guía de perros
Sólo los seres vivos pueden morir y sólo mueren los seres que han vivido. ¿Cómo se afronta una situación tan terrible?, ¿cómo te "comes" algo que choca frontalmente con todos tus sentimientos?, ¿cómo afrontas el resto de los días sin un ser tan especial?.
18/02/2008
Durante la vida profesional, un veterinario se enfrenta a todo tipo de enfermedades, accidentes... y a la muerte. Nunca se olvida al primer animal al que tienes que poner una inyección letal, tampoco olvidas a todos aquellos animales que un día, por una u otra causa, se fueron de nuestro lado. Todos los que queremos de verdad a los animales tenemos muy difícil enfrentarnos a este momento...
Los seres vivos, todos, tenemos un día, un punto final en nuestro recorrido; la mayoría de los animales no "piensan" en la muerte... pueden "sentir" que les está llegando el momento, pero no lo piensan como nosotros; un buen propietario tiene que agarrarse a algo para superar este momento, tiene que pensar que el tiempo que ha compartido con su mejor amigo ha sido maravilloso, especial, único. Es duro perderlos, pero es menos duro cuando tenemos buenos recuerdos y cuando estamos plenamente convencidos de que ese maravilloso ser vivo ha disfrutado plenamente de su perra vida.
El momento terrible
La muerte nos llega cuando muchas células de nuestro organismo están "a pleno rendimiento", nos llega por una enfermedad que "estropea" un órgano vital, por un accidente... aunque muchas partes de un organismo vivo quieran seguir viviendo, algunos problemas hacen que todo falle.
Existe un momento terrible, delicadísimo en la vida de algunos animales: patologías, accidentes... que indican al profesional que la vida del animal puede continuar, pero que su calidad de vida no va a ser la que cualquiera en su sano juicio desearía. En estas situaciones el veterinario, muy a su pesar, recomienda la eutanasia... y aquí está el problema, el lógico y humano problema: pero si puede seguir con nosotros, ¿cómo lo vamos a sacrificar?...
El mayor acto de amor
Quizás lo que vaya a decir no sea compartido por la mayoría, pero creo firmemente que el mayor acto de amor que puede hacer un propietario en ese momento es no pensar de forma egoísta; no debemos pensar en que nosotros queremos que siga aquí... mal, pero entre nosotros... el mayor acto de amor, de cariño, es permitirle que se duerma plácidamente y que deje esta vida aunque se lleve una parte de la nuestra.
Ninguno quisiéramos pasar por estos momentos... ninguno querríamos que nuestros seres queridos nos abandonaran jamás... pero así son las cosas. Cuando nos dejan, algo se va con ellos... y algo de ellos se queda con nosotros...