Tu guía de perros
Incorporar un ser vivo al hogar es un acto que exige gran responsabilidad.
CARLOS RODRÍGUEZ
15/07/2008
Dedicar un tiempo a la adecuada elección y conseguir el consenso familiar son puntos imprescindibles antes de la llegada del nuevo compañero.
Hay ocasiones en nuestras vidas en las que deberíamos invertir un poco más de tiempo, dedicar uno o muchos momentos a la reflexión, pararnos tranquilamente a pensar, contar hasta diez, hasta veinte o hasta cien si fuera necesario.
No es lo mismo decidir los calcetines que usaremos en la siguiente temporada invernal o si debemos o no de cambiar de perfume, que decidir si es momento o no de incorporar un perro a nuestro hogar.
Desgraciadamente, muchas personas tardan menos tiempo en decidirse por la adquisición de un hámster, de un periquito o de un perro, del que tardan en decidir su nuevo corte de pelo o el impactante color de sus mechas.
Podríamos asegurar que la inmensa mayoría de los de "dos patas" tenemos un cierto interés, un deseo de acercamiento, un declarado cariño o amor por los animales y la naturaleza (biofilia). Esa inmensa mayoría disfruta de un buen paseo por el campo; sus ojos se abren ante las increíbles escenas televisivas de la vida salvaje y se inclinan sin dudarlo a acariciar a esa bola de pelo en forma de adorable cachorro.
Seguro que también conocemos a alguna que otra persona que no sólo no se acerca a acariciar al precioso cachorrito, sino que, en el mejor de los casos, se esconde a nuestras espaldas por no perder totalmente su dignidad al huir despavorido a través de la puerta más cercana.
La convivencia con un animal de compañía puede ser de lo mejor que llegue a sucedernos, o podrá convertirse en una de las mayores decepciones, jalonada, de regalo, por un torrente de problemas. ¿De qué dependerá?
Los beneficios o los problemas surgidos en nuestra relación con un animal de compañía, dependerán, casi de forma exclusiva, de dos puntos: del tiempo de reflexión, y de lo acertado o no de la elección y adecuación que hayamos hecho con el animal antes de incorporarlo a nuestras vidas.
No podemos dejarnos llevar de forma exclusiva por nuestros instintos naturales; por más que nos guste determinado tipo de animal, por más que algo dentro de nuestras entrañas nos conduzca a la tienda de mascotas más cercana, debemos analizar nuestro espacio vital, nuestro tiempo, nuestros recursos económicos, si contamos con el consentimiento y con el apoyo de todos los miembros de la familia...
Si por el contrario sucumbimos ante las prisas, la presión familiar, el cariño mal entendido... no nos sorprendamos si todo aquello que soñábamos en nuestra idílica relación con nuestro soñado animal de compañía, se transforma en una historia casi de miedo, regada de problemas y tendente al cobarde abandono.
El mejor propietario de mascotas no es sólo aquel que mejor las cuida... el mejor propietario de mascotas también debería ser aquel que decidió, de forma responsable, no llegar a serlo nunca.