Un año más nos disponemos a celebrar la Navidad, un año más nos planteamos que regalar a nuestros familiares y amigos. El regalo de un ser vivo es una posibilidad, pero una posibilidad que debe ser valorada con responsabilidad y teniendo en cuenta la aceptación del que recibe el regalo.
Carlos Rodríguez
Muchas personas se plantean regalar un animal llegadas las fechas navideñas... esta intención, en sí misma, no tiene por qué ser un problema, el problema reside en la sorpresa y en el desconocimiento de la intención e interés por el regalo del receptor de la ofrenda.
Si tenemos ABSOLUTAMENTE CLARO que la persona que recibirá el animal, lo desea, tiene las posibilidades de atenderlo, su entorno familiar está de acuerdo en la incorporación de un ser vivo... ¡¡adelante!!
La alegría que supone la incorporación de un amigo deseado, unida al acto de un regalo, puede ser algo maravilloso, pero eso sí, y perdonad la insistencia, si se cumplen todas las premisas comentadas.
Nuestro hijo puede llevar años diciéndonos que quiere un perro, nuestro marido ha gastado litros de saliva y mucha energía comentándonos que le encantaría ese maravilloso ejemplar de cánido... ¡¡bien!!, pero, ¿estamos todos de acuerdo?
El perro es un excelente animal de compañía, pero es necesario sacarlo de paseo diariamente, no puede pasar varios días solo en casa si nos vamos de fin de semana, tiene lógicos gastos... es evidente que es un ser vivo con necesidades.
Si estamos convencidos de que el regalo será para bien, que no acarreará problemas a la familia, e indeseables consecuencias para el animal (devolución, cambios sucesivos de domicilio en busca de la familia definitiva... abandono), sólo nos queda buscar una buena opción.
¿Dónde conseguirlo?
En la actualidad podemos conseguir un felino, cachorro o adulto, con raza o sin raza, un animal que satisfaga plenamente los deseos de aquel que lo va a recibir.
Podemos acudir a una entidad de protección animal, allí encontraremos animales de todas las edades, algunos de raza, y casi siempre esterilizados; en la mayoría de las ocasiones, las entidades de protección ya han realizado al animal las pruebas sanitarias oportunas (leishmaniosis), y tienen las vacunas y desparasitaciones adecuadas a su edad.
Si queremos un perro de raza podremos acudir a una tienda especializada o a un criador.
En estos casos debemos valorar al animal, ver su estado general, sus vacunas, desparasitaciones, la garantía que nos ofrecen y pediremos la correspondiente factura.
Los profesionales de las tiendas especializadas y los criadores son los principales interesados en que el animal se encuentre en perfecto estado de salud: en primer lugar por su apego y cariño a los animales y en segundo lugar, por las posibilidades de contagio de enfermedad al resto de los perros de su tienda o criadero.
Una cosa muy a tener en cuenta es que no debemos actuar de forma compulsiva... si el niño quiere un perro, no acudamos al primer sitio y nos llevemos al animal con todos sus accesorios; valoremos todas las opciones, visitemos entidades de protección, tiendas, criadores, veamos cómo trabajan, cómo cuidan y quieren a los animales.
Estamos buscando un ser vivo que compartirá muchos años con la persona a la que se lo vamos a llevar, ¡¡qué menos que dedicar el tiempo oportuno a su selección!!
Si nos pasamos días buscando un juego, un electrodoméstico, comparando precios, viendo garantías... ¿no es justo, lógico, evidente, que debemos hacer lo mismo, o más, en el caso de un ser vivo?
Regalar un ser vivo en Navidad puede ser algo maravilloso, nuestra responsabilidad es asegurar que todo sea perfecto y que nada, absolutamente nada de lo comentado se nos pase por alto.