Problemas

Principales errores en la relación con el perro

Muchos son los errores que el hombre puede cometer y que conducen a que un perro desarrolle un inadecuado comportamiento.

Carlos Rodríguez

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Errores en la relación con el perro

Errores en la relación con el perro - Foto: CARLOS RODRÍGUEZ

En casi la totalidad de las ocasiones, el error parte de considerar al animal como a un igual...

Estos son algunos de los fallos que solemos cometer:

- "Hiperprotección": el animal no sale el tiempo suficiente a la calle y, por tanto, no se relaciona con otros animales y personas por el miedo de sus propietarios a que algo malo le pueda suceder. El perro suele ser miedoso y lo manifiesta de diversas formas: ladridos, agresividad, intentos de fugas...

- "Hiperapego": el animal nunca está solo... ¡¡nos da pena!! "Nos hacemos imprescindibles" para el perro... Cuando nos vamos gime, ladra y destroza el mobiliario. El cariño mal entendido es el origen del problema... y la supuesta "mala leche" que le provoca su afán demoledor del mobiliario no es tal mala leche, es un habitual problema de comportamiento conocido como "ansiedad por separación".

- Pretendemos que nuestro perro nos defienda: sea del tamaño que sea, queremos sacar de él sus instintos de guarda y defensa. Con tal idea pretendemos conseguir algo incitándole a gruñir a "todo lo que se mueve", premiamos su tendencia "defensiva"... Con esta equivocada actitud sólo conseguimos que el animal gruña y ladre "sin ton ni son" con el único fin de conseguir su premio o la "palmadita" de ánimo de su dueño... Todos los perros "saben" cuándo defendernos... Además, si quieren un animal de guarda, acudan a un profesional... pero olvídense del cariñoso y meloso animal de compañía... es bastante difícil tener las dos funciones (animal de guarda y animal de compañía) en el "mismo envase".

- Potenciar la agresividad: en los últimos tiempos, ciertos grupúsculos sociales se hacen acompañar de ciertas razas de animales que reciben la misma fama que sus estúpidos compañeros racionales. Estos individuos potencian la agresividad de sus perros con el fin de cubrir sus frustraciones y deficiencias mentales... el pobre animal sigue las ordenes de su amo y se convierte en un peligroso "brazo ejecutor". El grave problema es que el animal no es capaz de diferenciar a quién debe y a quién no debe atacar; a él le han enseñado una cosa y debe hacerla... sólo espera el premio a su "buen comportamiento", el premio por seguir las órdenes de un enajenado... ¿Tiene la culpa el perro?

- Aplicar los castigos de forma inadecuada y fuera de tiempo: el ejemplo más útil es el de "rebozar" los morros del animal por sus heces con la intención de enseñarle a que no debe defecar fuera de su sitio... Esto es inútil y antihigiénico. El perro no tiene una memoria como la nuestra, no entiende qué estamos haciendo... podemos reprenderles si les pillamos "in fraganti", pero no cuando la acción fue realizada hace horas. Podemos reprender al animal: un enérgico ¡¡no!! suele ser suficiente...los castigos "salidos de tono" dan más problemas que resultados positivos. El perro "funciona mejor" premiando los aciertos (EDUCACIÓN EN POSITIVO) que "sobrecastigando los fallos". Seamos justos.

- Olvidar la rutina: si el animal obedece una orden... ¿está todo conseguido?... Pues no; sólo hemos dado un paso, un importante paso en el camino de su educación. Una orden debe ser recordada durante toda la vida; las órdenes deben cumplirse siempre, pero para conseguirlo debemos "refrescarles la memoria" a diario... ¡¡Y PREMIARLES!!. El paseo es el mejor momento para volver a impartir la lección aprendida.

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