El trágico suceso de Pontevedra ha resucitado el debate acerca de la voracidad de los animales y la responsabilidad de los dueños
José David Palacio
El pasado domingo, un niño de 2 años de edad murió a causa de las mordeduras que le causó el perro de su familia, de raza Pit Bull, en su domicilio de Pazos de Borbén, en la provincia de Pontevedra. Con esta tragedia se ha reavivado uno de los temas que más polémica desata en el mundo canino: ¿Cómo se puede controlar la agresividad de determinadas razas de perros? ¿De quién es la culpa de estas tragedias: de los dueños o de la agresividad innata del can?
Hay que partir de la base de que el responsable de sus actos no es el perro, sino el dueño, que es quién lo educa y lo socializa. La propia Ley (50/1999) sobre la tenencia de animales peligrosos lo deja claro en su prólogo: "se hace preciso regular las condiciones para la tenencia de animales que puedan manifestar cierta agresividad hacia las personas por una modificación de su conducta a causa del adiestramiento recibido y a las condiciones ambientales y de manejo a que son sometidos por parte de sus propietarios y criadores".
Ahí reside la base del problema y la solución en la mayoría de los casos: si cuando el perro es un cachorro no se le ha socializado ni se le ha educado en un entorno con personas y otros perros, éste tenderá a ser agresivo con cualquiera. Según el Real Decreto del 22 de marzo de 2002, que desarrolla la Ley, las razas caninas consideradas peligrosas son Pit Bull Terrier, Staffordshire Bull Terrier, American Staffordshire Terrier, Rottweiler, Dogo Argentino, Fila Brasileiro, Tosa Inu y Akita Inu. En extensión, las razas que con mayor cuidado se deben educar.
Si un can ha sido cuidadosamente adiestrado, no hay problema alguno para tenerlo como animal de compañía y no como perro de defensa o protección, el uso más frecuente de estas razas. Como ya ha comentado Carlos Rodríguez, el especialista de ParaSaber sobre el mundo canino, "el mal comportamiento de un perro se debe única y exclusivamente a una inadecuada elección y a la ineficacia educativa del propietario".