Tu guía de buscar casa
Una de las opciones en alza es separar la cocina y el salón con una península
NOELIA LEGAZPI
13/06/2008
Es una de las estancias que más ingenio requiere para que la distribución del espacio sea óptima y que cada centímetro se aproveche al máximo. Ha sido el centro de reunión de la familia, y las últimas tendencias vuelven a transformarla en punto de encuentro. Cruz Mariño, directora de arte de una revista, tenía claro desde el principio que éste era el prototipo de cocina-salón que quería.
Adora los espacios amplios y abiertos, y la única solución factible pasaba por unirlas. Cruz, de 42 años, tuvo que hacer una obra faraónica, pero los esfuerzos compensaron con creces. Optó por una de las fórmulas más en alza: cocina y salón conectados, pero separados por una península a modo de barra hecha de obra. Los muebles de la cocina con electrodomésticos (sin la reforma) costaron unos 7.500 euros.
Al principio tuvo ciertas reticencias por los humos y los olores, pero sus temores no se han cumplido: "La empresa de reformas me dijo que no me preocupara, que con una buena campana el problema quedaba resuelto. En realidad, los humos no han sido un inconveniente".
Podríamos decir que la encimera es como los zapatos en cualquier estilismo: el traje más impresionante queda deslucido si no va acompañado del zapato acorde. Pero, además, en la cocina la encimera tiene una función práctica. Cruz reconoce que ése ha sido uno de los grandes fallos que cometió; optó por una encimera en material laminado, porque el presupuesto no alcanzaba para una de piedra natural (las de granito cuestan desde 200 euros el metro cuadrado) o de resinas sintéticas (las más habituales son el corian, con precios desde 400 euros el metro, o el silestone, a partir de 320 euros el metro). "Sé por la experiencia de amigas y familiares que las encimeras de mármol y granito son más resistentes e higiénicas.
Ahí me equivoqué, pero estoy muy satisfecha con mi idea de revestir la encimera de la barra divisoria del mismo material que el suelo del salón: parqué. También fue un acierto el suelo de la cocina: losetas cerámicas que imitan pizarra", que cuestan unos 20 euros el metro cuadrado.
"Yo cocino mucho y quería un suelo cómodo. El repecho (pared comprendida entre los módulos suspendidos y encimera) también lo hice en este mismo material y resulta muy práctico".
Con colores vivos
Los frontales de la cocina son en laminado azul, un material de fácil limpieza y muy resistente. Ahora se atrevería con un color más caliente, tipo rojo o naranja, dos tonos que marcan tendencia.
En su momento no tomó la decisión por miedo a cansarse, pero piensa que si un color te gusta de verdad no satura. Aconseja también el zócalo en lugar de la pata vista (el espacio comprendido entre los muebles bajos y el suelo puede ser un botellero improvisado), la pintura en lugar del alicatado y el grifo extraíble (muy cómodo para lavar cacerolas o llenar un cubo).
La línea estética de la cocina ha de estar en concordancia con el resto del hogar. Marcos Villalba, ingeniero informático de 28 años, sabía que, viviendo en un loft, la cocina tenía que tener un aire minimalista e industrial. Quería, además, que se adaptara a su presupuesto (unos 6.000 euros).
Para conseguir esa imagen, la combinación idónea era el blanco y el metal. Las puertas están lacadas en blanco alto brillo con tirador metálico de barra. Admite que la laca es más delicada: "Es verdad que las huellas se notan más, pero yo no tengo niños que vayan dejando su sello ni preparo grandes comidas".
Este aspecto se compensa con una distribución muy racional del espacio ?mérito de su madre?que hace de la funcionalidad el hilo conductor. Un gran frontal acoge la zona de almacenaje y el horno microondas. El plano de cocción está muy cerca de la pila y del lavavajillas. "Es muy cómodo porque mientras cocinas puedes lavarte las manos o meter una cacerola en el lavavajillas sin moverte. Eso evita también que el suelo se ensucie".
Aunque no le gustan las paredes, sí quería que salón y cocina estuvieran diferenciados: una barra volada con dos taburetes hace de barrera. "En un espacio diáfano es más fácil tender al desorden y es la fórmula perfecta para que las cacerolas no terminen encima de la televisión. Es muy práctico porque es el sitio en el que como, desayuno y ceno cuando estoy solo". Marcos aconseja también darle mucha importancia a los accesorios, sobre todo a los interiores:
"Cuando vas a comprar la cocina te parece que lo fundamental es el tipo de material y el color de las puertas. Una vez que empiezas a vivir tu cocina, te das cuenta de que la funcionalidad es vital. Yo estoy satisfecho de todos los accesorios, como, por ejemplo, el escurridor suspendido, las divisiones para el interior de los cajones, los portaplatos o los carros extraíbles. Yo quería pocos muebles, pero necesitas un mínimo para resolver las necesidades de almacenaje. La solución: módulos de gran profundidad, pero con carros extraíbles para que el acceso fuera tan fácil como abrir la puerta".
El diseño de la cocina ha de prever que cada módulo se sitúe en el lugar idóneo; si no tenemos en cuenta la visión práctica del mueble, puede quedar inutilizado: "No sé si fue culpa mía o del instalador. Yo elegí la vitrina por el detalle de la iluminación, pero no la instalé cerca de un punto de luz; ahora, si deseo enchufarla, el cable tiene que recorrer toda la pared. El efecto óptico es horroroso y debería hacer una roza".
Su mejor consejo: "Aunque pueda parecer un poco absurdo, yo aconsejo situarte en la cocina vacía y simular que cocinas y friegas para ver tus necesidades reales antes de tomar decisiones".