Tu guía de vinos
Las mismas técnicas de vinificación en distintas zonas geográficas dan como resultado vinos muy distintos gracias a las condiciones diferenciadas del terreno y del clima
HELENA SÁNCHEZ-MONGE
12/02/2008
¿Cómo es que unas cepas de la misma edad, cultivadas bajo las manos del mismo viticultor, en zonas geográficas diferentes pueden dar lugar a vinos tan diferentes? Sin duda, esto se debe a la magia del terroir o terruño, según queramos llamarlo. ¿Pero que quiere decir este término? Este vocablo lo empezaron a utilizar los franceses para definir la relación que se establece entre un tipo de suelo, un clima y las cepas adaptadas a ese terreno.
La influencia de los suelos y del clima, es decir del terroir, sirve en Francia para definir las denominaciones de origen. Al contrario que en España que las denominaciones de origen se apoyan en otras razones de origen histórico, político o económico.
El tipo de suelo influye de forma decisiva en la calidad de un vino. La vid no se comporta igual en un suelo pedregoso que en uno arcilloso. El suelo ideal para el cultivo de la vid es poco fértil, aquel en el que apenas podría sobrevivir ninguna otra planta y con una buena capacidad de drenaje. El terreno siempre tiene que ir acompañado de un clima en sintonía con ese suelo para que la vid pueda extraer lo mejor de ese terreno y trasladarlo al vino.
En España los mejores terroirs de suelos pizarrosos se encuentran en Priorat, La Ribera Sacra y El Bierzo. Los suelos pedregosos los encontramos en Toro, en zonas de la Ribera de Navarra y en algunas zonas de la Rioja Baja. La Rioja Alavesa, Alta Sonsierra, Jumilla, Jerez, Alicante y Somontano se caracterizan por suelos arcillocalcáreos. Arenosos son los de Rias Baixas, Valedorras y Ribeiro y volcánicos, los de Lanzarote, Hierro, Gran Canaria y La Palma.