Tu guía de vinos
Dos de los parásitos más comunes de la planta son el mildiu y el oídio contra los que el agricultor suministra en cada campaña tratamientos preventivos
Helena Sanchez-Monge
17/01/2008
La vid se puede ver afectada por dos tipos de males. Por un lado, los derivados del tiempo, como las heladas o el granizo; y por otro lado, los producidos por los ataques de insectos y hongos. Ante los primeros, el agricultor apenas se puede defender, mientras que para prevenir los segundos, existen tratamientos de choque.
A partir de la primavera, las dos enfermedades más temidas por el agricultor son el mildiu y el oídio.
Los parásitos que afectan a la vid pueden ser de dos tipos. Aquellos que eligen la planta como su hábitat, y aquellos que penetran en su estructura y sólo muestran al exterior sus órganos reproductores. Estos hongos internos se conocen como mildiu (moho) y se caracteriza por unas manchas de aceite que se extienden sobre la superficie de las hojas. Para combatirlo, se emplean tratamientos con caldos de cobre y también con productos orgánicos.
El oídio se desarrolla sobre las hojas de la vid y después pasa a los racimos hasta que los seca. Produce en la planta una enfermedad conocida como ceniza. Para eliminarlo, se emplea el azufre.
Otro parásito de la vid menos común y, por otra parte, más difícil de atajar, es el black-rot, que genera manchas grises con bordes marrón oscuro en las hojas. También se habla de la podedumbre gris que se manifiesta en los granos de uva antes de la maduración y que es ocasionada por el hongo botrytis cinerea.