Una denominación que en los últimos años se ha posic¡onado como referente de calidad.
Cristina Alcalá
Jumilla ha dejado de ser una denominación emergente para convertirse en una de las zonas vitícolas más interesantes de España. Aunque su reglamentación oficial como Denominación de Origen data de 1966, no ha sido hasta hace unos años cuando sus vinos han alcanzado renombre nacional e internacional.
La denominación abarca municipios del norte de la provincia de Murcia y del sureste de Albacete. Zona de transición entre la meseta castellano-manchega y el litoral levantino, se caracteriza por altiplanicies rodeadas de montañas, suelos de buena capacidad hídrica y mediana permeabilidad que aprovechan mejor el agua disponible y apta para las condiciones de sequía prolongada.
Más de 30.000 ha. de viñedos, de las cuales el 45% están en Jumilla, unos 3.000 viticultores y más de 40 bodegas inscritas para elaborar unos 25 millones de litros anuales. Pero más allá de las cifras hay que destacar a una de las protagonistas del avance e imagen de calidad de esta región: la Monastrell. Variedad tinta muy bien adaptada a las condiciones climáticas de la región. Está plantada en más del 80% de la superficie y con ella se han conseguido cotas de calidad inimaginables hace décadas. Tintos, rosados, blancos y vinos dulces expresivos, frutales, sabrosos, persistentes...
La variedad es importante, pero poco o nada sería sin el esfuerzo de productores, elaborados e instituciones para mejorar la calidad e imagen de los vinos jumillanos. Hoy en día más del 80% de la producción se embotella, mientras que hace no demasiados años la mayoría eran graneles que se repartían por toda España, y fuera de nuestras fronteras.
Jumilla bien merece una visita. Si lo hacéis en estas fechas, coincidiréis con la celebración de la semana de Feria de Jumilla, duranta la cual se celebra cada año la Fiesta de la Vendimia, declarada de Interés Turístico Regional.