Desde siempre el champagne se asocia a lujo y glamour
Cristina Alcalá
James Bond seduce con Bollinger RD, las stars de Hollywood brindan con Dom Perignon, los más adinerados prefieren el exclusivo Clos du Mesnil de Krug, los sibaritas se deleitan con La Grande Dame del 90, los expertos eligen Billecart-Salmon Grande Cuvée... Éste es uno de los encantos del champagne, cada cual es fiel a una marca y cada "casa" se distingue por sus cuvées, es decir, mezclas de añadas y vinos conservados durante años en barricas.
En la zona más septentrional de Francia surge el llamado méthode champanoise de doble fermentación en botella, origen del espumoso más caro del mundo. Pinot Noir, Pinot Meunier (variedades tintas) y Chardonnay (uva blanca con la que se elabora el blanc de blancs) son las variedades que hacen del champagne esa bebida inconfundible y elitista.
Pero si alguno de vosotros decide invertir sus ahorros para una ocasión especial debería saber algunas cosillas para no mal gastar el dinero:
- Primero, no dejes el champagne para el final a modo de brindis, no se lleva y sienta fatal.
- Cuando tengas todo preparado, cubitera, hielo (entre 7 y 10º) y sólo falte descorchar la botella, evita el baño de espuma, no sólo por lo incómodo sino porque el carbónico desaparecerá y es esencial para mantenerlo vivo y fresco.
- Atrévete a beberlo durante toda una comida y descubrirás lo bien que armoniza con muchos platos.
- Y no sirvas el champagne en una copa inadecuada, las de flauta y cristal fino son las mejores.
Disfruta y... ¡cuidado! crea adicción.