Aunque ambos comparten el mismo método de elaboración, emplean variedades distintas de uva y presentan diferencias derivadas del clima
Helena Sánchez-Monge
Las variedades que se emplean para elaborar el cava son la Macabeo, Xare-lo y Parellada, mientras que para el champán se emplea la chardonnay como uva blanca básica pero también las tintas Pinot Noir y Pinot Meunier, con las que se sigue el mismo método de vinificación que para las uvas blancas (prensado y separación de los hollejos antes de la fermentación). En el caso del cava, también están autorizadas la subirat o la malvasía y la chardonnay mientras que para los cavas rosados se utilizan la garnacha, monastrell, pinot noir y trepat.
El cava se elabora en el mediterráneo catalán, bajo un clima soleado y poco lluvioso, lo que otorga a las uvas un menos acidez que en Champagne. Para lograr mayor grado de acidez la vendimia en esta zona comienza a mediados de agosto. Por el contrario, en la zona de Champagne, el clima es lluvioso y frío. Las uvas en esta región tienen mayor acidez y poco grado por lo que es necesario añadir azúcar para lograr más grado (chaptalización).
En los cavas, es típico embotellar un coupage de vinos de una sola vendimia. En Champagne, se hacen mezclas con vinos obtenidos de vendimias diferentes.
Para obtener un grado máximo de maduración, los cavas requieren crianzas de dos a cuatro años, mientras que los champagnes se crían durante cinco años o más.