Tu guía de vinos
Un consumo responsable pone de manifiesto sus propiedades nutricionales y su alto nivel antioxidante
HELENA SANCHEZ-MONGE
26/03/2008
En los últimos años se ha hablado de los efectos que el vino puede tener sobre nuestro organismo y numerosos estudios han puesto de manifiesto sus propiedades nutricionales y preventivas de ciertas enfermedades.
Desde la Antigüedad ya se afirmaba que el vino era una medicina. De los alimentos de la dieta mediterránea, el vino tiene acreditada su acción preventiva contra enfermedades cardiovasculares y contra el cáncer.
Siempre que no se tome en exceso, es decir una o dos copas por comida, el vino ayuda a la digestión y atenúa estados nerviosos. Además, ha quedado científicamente demostrado que el resveratrol y la quercetina, sustancias que desarrolla la uva tienen un alto nivel antioxidante.
El consumo moderado de vino regula y modera la hipertensión arterial, y previene los futuros infartos y trombos.
Los polifenoles y el resveratrol protegen las células hepáticas. Asimismo, los polifenoles evitan la degeneración de la mácula ocular. El resveratrol es capaz de prevenir o retrasar el desarrollo de ciertos tumores y frenar el crecimiento de células cancerosas.
El vino tiene además efectos neuropsiquiátricos positivos puesto que mejora el estado de ánimo, el estrés y reduce los estados depresivos leves.
Tiene además un gran efecto antiséptico y a lo largo de la historia se ha utilizado como desinfectante de heridas e incluso como anestésico y preventor de caries.
Por el contrario, si se abusa de su consumo, el vino puede ser muy perjudicial y puede además de causar intoxicación alcohólica, puede provocar enfermedades gastrointestinales y trastornos del sistema nervioso y adicción.