Tu guía de vinos
Lo primero que la lengua descubre al catar este tipo de caldo es su dulzura y después, su acidez.
Helena Sánche-Monge
25/02/2008
Un vino blanco debe presentarse a la vista "limpio". Así, hablaremos de un vino transparente, turbio, brillante o borroso. La tonalidad de los vinos blancos va desde el amarillo limón o verdoso hasta el dorado o caoba si es un vino viejo. Algunos vinos blancos pueden presentar burbujitas de gas carbónico. Estos vinos son los denominados 'de aguja'.
En nariz, el vino blanco debe ser ante todo aromático y emplearemos palabras como intenso o discreto para describir este factor.
Cuando se cata un vino blanco, hay dos factores que dominan en la boca y que son los primeros que descubre la lengua. En primer lugar la dulzura proporcionada por los azúcares no fermentados y por el alcohol y la acidez. El equilibrio entre la acidez y la dulzura indica el modo en que se ha elaborado el vino.
Un vino blanco en el que la acidez sea la nota predominante puede ser debido a que la uva ha sido recogida antes de madurar. Para describir un vino con excesiva acidez se emplean adjetivos como mordiente, o rígido mientras que para hablar de falta de acidez utilizamos palabras como plano o blando. La acidez aporta frescor. Así, hablaremos de un vino fresco y vivo.