Cata y protocolo

El color, delator de la edad de un vino

Un vino joven se caracteriza por un color rojo vivo o morado mientras que los caldos viejos presumen de tonos amarillos o tejas ya que pierden intensidad y cuerpo con el envejecimiento

Helena Sánchez-Monge

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El color de un vino

El color de un vino - Foto: zimmytws - Fotolia.com

Nuestro primer contacto con el vino lo realizamos a través de la vista. Sólo mediante la observación, podemos sacar conclusiones sobre el color (intensidad), su limpieza y su fluidez.

El color es determinante puesto que permite conocer datos de la cosecha, elaboración y edad del vino, siempre y cuando no haya sido manipulado. Además, de poder clasificar los vinos en blancos, rosados o tintos, por el color podemos saber si el vino ha estado bien conservado.

La fluidez se refiere a la viscosidad de un vino. Al dar vueltas a la copa, el vino cae por las paredes y forma las conocidas como "lágrimas". El tiempo que tardan en formarse, la rapidez con la que caen y su tamaño nos pueden transmitir una idea de la cantidad del alcohol, azúcar y glicerina que contiene el vino. Por ejemplo, cuanta más lágrima y más viscosa, más azúcar residual tiene. Al hablar de viscosidad podemos utilizar, entre otros, los términos de aguja, efervescente o tranquilo.

Podemos referirnos a los matices del vino tinto con adjetivos como: caoba, ladrillo, teja rubí, cobrizo o cereza. Los rosados pueden presentar, por ejemplo, un matiz grosella, piel de cebolla o asalmonado y los blancos un matiz dorado, cobrizo o verdoso.

Si el vino tinto presenta un color rojo vivo o morado con matices granates, se trata de un joven. Los vinos viejos se caracterizan por los tonos amarillos o tejas, ya que pierden intensidad de color y cuerpo debido al envejecimiento.

Al contrario que los tintos, los vinos blancos tienden a oscurecerse con el tiempo y por sus tonos verdosos podemos hacernos una idea de su acidez. Cuanto más verdosos sean los reflejos, más joven será el vino.

En la cata de vinos tintos se emplean vocablos como capa intensa, capa media alta, muy intenso, poco intenso, opaco, ligera capa, abierto de color, o impenetrable para referirse a la intensidad (transparencia del vino). Sin embargo, para describir un vino blanco no se habla de capa sino de reflejos.

Si observamos turbidez en un vino, ésta puede deberse, por ejemplo, a una mala clarificación o a la presencia de bacterias. Para hablar de limpidez, usamos palabras como limpio, turbio, velado, incoloro o brillante.

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