Tu guía de vinos
Un vino debe presentar sensaciones de frescura, de lo contrario, puede generar notas olfativas desagradables
HELENA SÁNCHEZ-MONGE
23/01/2008
La limpieza es fundamental a lo largo de todo el proceso de vinificación. Los aromas pueden aparecer limpios, o de lo contrario, acompañados de notas olfativas desagradables. Un vino limpio es el que presenta sensaciones de frescor y aquel que carece de aromas químicos. Además debe ser estable ya que de lo contrario puede evolucionar hasta deteriorarse y generar malos olores.
Los olores sucios más habituales son los siguientes:
-Olor a huevos podridos. Es el característico del ácido sulfídrico. Las causas que lo motivan pueden ser el azufrado en la viña, la adición de sulfuroso en bodega o la putrefacción de las levaduras.
-Olor a aguas sucias: Se origina por la acción del ácido sulfídrico sobre el alcohol.
-Olor a azufre. Es una muestra de la adición de anhídrido sulfuroso. En la boca, los vinos se muestran picantes.
-Olor a corcho. Se puede deber a un corcho de mala calidad, deteriorado, a la respiración de la botella, etc.
-Olor a moho. Puede deberse a una vendimia atacada microbiológicamente o a vinos que han sido criados en barricas viejas donde la asepsia no es fácil.
-Olor a madera. No es positivo para el vino pero sí una madera que esté integrada en el vino sin que se note. Si la madera es vieja y se nota, el vino puede presentar olores a humedad.
-Olor a verduras cocidas. Se produce por la formación de sulfuroso de dimetilo en los procesos de reducción en botella. Se considera un defecto del vino si es demasiado perceptible.