Formación

Consumo responsable I

Para que las fiestas sean un buen recuerdo y no una catástrofe.

MIGUEL F. LANCHA

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Consumo responsable de alcohol

Consumo responsable de alcohol - Foto: Mariano Renella

Todos sabemos que después de todo un año de trabajo y sacrificio (algunos más que otros) llegan las fiestas y nos apetece tomar una copa o un cóctel. Nos lo merecemos, nos invitaron, es un compromiso, es muy poquito... Cualquier motivo nos excusa para beber. Y en realidad nadie nos lo prohibe; solo debemos hacerlo con moderación.

Varias cosas están juego si bebemos en exceso: nuestra propia salud, nuestra integridad física y la de los que nos rodean, dinero en multas, retirada de carnet de conducir, deterioro de imagen y pérdida de nuestra credibilidad como personas serias y responsables, la vida... ¿Seguimos?

Ahora bien, no es necesario demonizar al alcohol; sólo tomarlo en serio y ser conscientes de nuestros límites.

Un cóctel, como una copa de vino o un "combinado" (aun me cuesta aceptar con agrado la palabra!) a menudo nos sienta muy bien. El alcohol, dentro de un límite, tiene además efectos cardioprotectores y preventivos ante Alzheimer, entre otras, pero hay mucho más detrás.

Aunque algunas personas no conciben un límite de bebida que sea "seguro", para la mayoría ese umbral sirve de referencia, como nivel teórico por debajo del cual los riesgos son escasos y poco significativos. Normalmente ese nivel es una recomendación para la mayoría de la población. Sin embargo hay factores que hacen que esa media se divida en grupos específicos. Por ejemplo, hombres y mujeres deberían seguir recomendaciones distintas a veces, dadas las diferencias en su capacidad de metabolizar alcohol, masa corporal, incluso diferencias psicológicas "estándar".

La cantidad de alcohol consumida depende del volumen de líquido ingerido y el porcentaje de alcohol. Así, un vaso de vino (12,5 cl), una lata de cerveza (33 cl) y un chupito de licor (4 cl) contienen los tres al rededor de 12 gramos de alcohol. Lo anterior implica que, en circunstancias parecidas, una persona se comportará probablemente igual si bebe whisky con agua que si bebe un cóctel, una copa de vino o una cerveza.

Para comprender mejor los efectos del alcohol, debemos conocer el recorrido que sigue en el cuerpo humano. Cuando se ingiere alcohol, éste se incorpora al flujo sanguíneo por el estómago y de ahí pasa al hígado para ser oxidado y eliminado. En promedio, el hígado de un adulto puede oxidar alrededor de 7 gramos de alcohol por hora. Sin embargo, antes de que el hígado complete su función de eliminar el alcohol, éste seguirá circulando por el organismo alcanzando los centros cerebrales y ralentizando nuestros reflejos.

En el artículo Consumo responsable II puedes ver algunas normas para controlar los efectos del alcohol y consumirlo con prudencia.

Fuente de información: Bacardi Limited y Asociación Internacional de Barmans (IBA).

Etiquetas:
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