Consejos prácticos

'And the Oscar goes to...'

Los artistas extranjeros premiados han puesto la nota anecdótica a los discursos.

VANESSA QUINTANAR (PUEBLO INGLÉS)

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Oscar

Oscar - Foto: AndreasWeber - iStockphoto

La fiesta del cine norteamericano ha sido tachada en infinidad de ocasiones de aburrida, previsible, larga, sin ritmo... todo ello, a pesar del glamour que rodea a la cita y los archiconocidos presentadores que no cejan en su empeño de alegrar la noche (o la madrugada) a millones de telespectadores en todo el planeta. El encorsetamiento del guión, sin embargo, se hace evidente hasta en la misma frase que sirve para anunciar a los ganadores. Aquellos que siguen la gala desde hace muchos años, recordarán que la frase mágica era: "And the winner is..." ("Y el ganador es..."). Sin embargo, y por razones no muy claras, en 1988 esta frase fue sustituida por el "And the Oscar goes to..." ("Y el Oscar va para...") que en 1995 pasó a ser, de forma oficial, la única manera de anunciar el ganador.

Al margen de estos rituales y de cierta sensación a "deja vú", la gala de los Oscar tiene algunos atractivos en lo que al inglés se refiere. Así, en un país como España, donde estamos acostumbrados a ver las películas en versión doblada, los Oscar pueden resultar interesantes aunque sólo sea para conocer por primera vez qué voz tienen nuestros actores y actrices favoritas. Y aunque en la mayor parte de los casos lo que dicen es tópico y manido, en otras ocasiones, realizan discursos memorables.

Algunas de las citas más recordadas lo han sido por su carácter directo. En esa línea destaca el emotivo y brevísimo speech de Joe Pesci, que al recibir su Oscar, dijo emocionado: "It was my privilege. Thank you" ("Es un privilegio para mi. Gracias"). Otros, por el contrario, aprovecharon su minuto de gloria para rendir cuentas. Éste fue el caso de Michael Moore, que tras ganar el Oscar en 2003, espetó mirando a la cámara: "Shame on you, Mr. Bush!" ("¡Avergüéncese, señor Bush!").

Otra línea de discursos abonada al éxito es la de aquellos que con gran elocuencia alaban la profesión y la dignifican. En ese sentido, uno de los discursos más recordados es el que dio el director Steven Soderbergh, ganador de un Oscar en 2001 por Traffic. En su speech, sentenció: "Rather than thank some of them publicly, I think I'm going to thank them all privately," he said. "I want to thank anyone who spends part of their day creating. I don't care if it's a book, a film, a painting, a dance, a piece of theater, a piece of music. Anybody who spends part of their day sharing their experience with us. I think the world would be unlivable without art" ("Más que darles las gracias públicamente, creo que se lo voy a agradecer en privado. Quiero dar las gracias a todos los que pasan parte de su día creando. Da igual si es un libro, una película, una pintura, un baile, una pieza teatral, una pieza musical... A cualquier que pasa parte de su día compartiendo su experiencia con nosotros. Creo que el mundo sería invivible sin arte").

La tercera vía de los discursos que han pasado a la historia de los Oscar es la del humor. Y ahí se llevan la palma los artistas extranjeros que, embargados por la emoción y, en algunos casos, con unos conocimientos muy rudimentarios de inglés, realizan discursos que resultan incomprensibles para sus oyentes angloparlantes. El pecado de estos artistas suele ser el de traducir literalmente lo que dirían en sus idiomas, con resultados que bordean lo surrealista. Éste fue el caso de Roberto Begnini, que tras ganar su Oscar en 1999, gritó al borde del delirio: "I feel like diving into this ocean of generosity ... I would like to be Jupiter and kidnap everybody and lie down in the firmament making love to everybody" ("Me apetece bucear dentro de este océano de generosidad... Me gustaría ser Júpiter y secuestrar a todo el mundo y tumbarme en el firmamento haciendo el amor a todo el mundo").

Pero si hablamos de discursos surrealistas protagonizados por artistas extranjeros, no podemos pasar por alto el histórico speech de Pedro Almodóvar cuando ganó el Oscar por Todo sobre mi madre. Durante 45 segundos, Almodóvar realizó un discurso en el que, ante los rostros incrédulos de los asistentes, dio las gracias a todo el santoral español. Su discurso levantó tanto revuelo que Almodóvar no tuvo otra que justificarse, y para ello echó mano de algunos tópicos hispánicos que, traducidos al inglés, no arreglaron precisamente la escena. Mientras Antonio Banderas y Penélope Cruz lo sacaban del escenario, sentenció: "I live in a different country. We are from Spain. This is my culture" ("Vivo en un país diferente. Somos españoles. Esta es mi cultura").

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