Tu guía de educar al niño
¿La obesidad infantil es un problema de hábitos alimentarios o de falta de tiempo de los padres a la hora de preparar la dieta diaria? ¿Hay que prohibirle a los niños determinados alimentos, o ponerles a dietas restrictivas? ¿A qué edad es bueno empezar a decirle a un niño que esta gordito? ¿Y si en clase se ríen de él o ella? ¿Qué hacemos?.
11/02/2008
Todas estas preguntas sin respuesta me vienen a la cabeza al pensar en este tema. Todo el mundo se preocupa del ámbito físico médico y orgánico, pero nadie parece reparar en el aspecto psicológico de la obesidad.
El hambre compulsiva es un síntoma psicosomático de la ansiedad y los niños también la padecen, a menudo con más intensidad y con menos estrategias para autoregularse.
Los niños inseguros, tímidos, con la autoestima baja suelen calmar su ansiedad comiendo. Los alimentos ansiolíticos son los que contienen azúcar y cacao, el chocolate es un gran calmante y productor de endorfinas, de manera que en pequeñas dosis puede generar una pequeña adicción. Curiosamente la mayoría de alimentos de bollería, llevan cacao. Los hábitos sedentarios contribuyen a aumentar esta situación.
Comer sin hambre
Muchos niños asocian sentarse a ver la tele y comer algo, patatas, palomitas, chuches..etc que potencian la alimentación compulsiva. Aprenden a comer sin hambre, sólo para calmar su ansiedad. Prohibirlo suele producir una mayor necesidad y a veces empiezan a comer a escondidas y a esconder los alimentos prohibidos.
La solución a este complicado problema pasa por ofrecerle al niño alternativas de ocio en las que esté entretenido y no piense en la comida e intentar solucionar la parte psicológica del niño. Un buen especialista en psicología infantil puede ser mucho más útil que la mejor dieta.
Cuidado con lo que decimos
Pensemos que cuando le decimos a un niño que no puedes comer esto o lo otro y te voy a poner a dieta, le estamos diciendo que está gordo y contribuimos a aumentar su problema de inseguridad, rechazo de su propia imagen y a disminuir la autoestima.
A la vez que somos cuidadosos con los comentarios que decimos, cambiamos las costumbres alimentarias de la familia.
Introducimos más verduras, frutas y fibra o alimentos integrales, de forma regular pero gradualmente. Es una situación en la que precisamos una gran dosis de tacto y paciencia para darle la vuelta. Muchos abrazos y "achuchones" para que se sienta aceptado y valorado en el seno familiar.