adopciones
Los educadores necesitan algunas claves para entender las particularidades de cada niño.
BEATRIZ SAN ROMÁN
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A la hora de plantear el tema de la adopción en el colegio, los padres nos sentimos confusos. Por un lado, esperamos que los profesores sean sensibles a sus necesidades y entendemos que necesitan cierta información para entenderlas. Por otro, nos preocupa que la etiqueta de "adoptado" impida a los educadores ver a nuestro hijo como el individuo único que es y sirva para justificar cualquier problema.
Como todos los padres, deseamos que nuestros hijos encuentren en el colegio un ambiente acogedor y unos educadores capaces de comprender sus peculiaridades y de ayudarles a desarrollar todo su potencial. Una buena buena relación y una comunicación fluida entre escuela y familia es imprescindible para acompañar de forma positiva al niño en su crecimiento.
La adopción de por sí no es un generador de problemas de conducta o de aprendizaje. No obstante, conviene recordar que, puesto que las vivencias de nuestros hijos han sido muy diferentes a los de sus compañeros, es lógico y natural que a veces sus reacciones también lo sean. Lo que vivieron en el pasado ha condicionado lo que aprendieron -y lo que no- y su forma de entender y mirar el mundo.
Olvidar algo tan obvio puede llevar a una espiral de frustración para todos. Cuando el profesor desconoce que el alumno es adoptado (o cuando no tiene la información suficiente para entender, por ejemplo, cómo puede haberle afectado una estancia larga en un orfanato), es fácil que confunda sus dificultades con problemas de disciplina. Los padres no entienden entonces por qué su hijo, que se comporta medianamente bien en casa, se desmadra en el colegio y está siempre castigado. Mientras, el niño acumula broncas y reproches sin que nadie le ayude a superar sus dificultades.
1. 06/02/2009 maria eugenia
Soy madre adoptiva desde hace cuatro años, de un niño de 8 años.Me ha parecido muy interesante encontar un artículo que hable de este tema tan espinoso,el colegio, pues es la fase más dura que nos tocó vivir a los tres. Por la edad de nuestro hijo, tuvimos que escolarizarlo a los 15 días de su llegada a Canarias.Fue duro para todos...y en parte lo sigue siendo. Cuando informé a los maestros de la situación del niño y de sus deficiencias en el aprendizaje...!horror! se empeñaron en ponelo "al día" en un año:en comportamiento, en aprendizaje social...Un drama para todos que sería largo de contar.Concluyo: el advertir este hecho a personas qye consideraba profecionales fue, en nuestro caso, contraproducenta, pues en unos casos lo usaban contra nosotros _sobreprotección y mimo_ y en el otro contra el niño_tiene problemas y lo dejamos a un lado.Gracias a Dios todo pasó, cambió de colegio y, con ayuda, ahora es un niño totalmente integrado en la dinámica escolar.