adopciones
Con el argumento de que "los niños necesitan estar con niños", hasta hace poco se animaba a los padres adoptivos a escolarizar cuanto antes a sus hijos. Sin embargo, hoy existe un amplio consenso en sentido contrario.
BEATRIZ SAN ROMÁN
Desde el punto de vista del niño, la adopción supone un gran cambio difícil de asimilar. De la noche a la mañana, su vida se transforma súbitamente. Desaparecen las personas y los lugares que le eran familiares, y se ve de pronto inmerso en un mundo diferente donde todo es nuevo y distinto.
Durante la fase de adaptación, los niños tienen que aprender un montón de cosas: nuevos hábitos y rutinas, tal vez un nuevo idioma? Ningún aprendizaje es tan importante como el de sentirse seguro en su nueva familia y construir y afianzar la relación con sus nuevos padres. Todo lo demás, incluída la integración escolar, debería ser secundario, al menos durante el primer año.
Aunque no siempre las circunstancias lo permiten, sería deseable retrasar el inicio del colegio o la guardería más allá del permiso de maternidad. Algunos padres pueden temer que, cuanto más tarde el niño en incorporarse a la guardería o el colegio, mayor será el desfase de conocimientos con respecto a los otros niños. Sin embargo, como cualquier pedagogo sabe, la capacidad de aprender de un niño está estrechamente relacionada con su seguridad emocional. Un niño estresado o inseguro difícilmente podrá concentrarse en la adquisición de nuevos aprendizajes.
El colegio, un nuevo cambio
Para un niño que todavía está asimilando todos los cambios que la adopción implica, empezar el colegio supone nuevos y difíciles retos: separarse de sus padres, relacionarse con otras personas, acoplarse a las rutinas de la clase? Es impensable que un pequeño que hasta hace tres meses vivía en un centro masificado en otro país se incorpore al último curso de infantil o a primero de primaria y sea capaz de comportarse como lo hacen sus compañeritos.
Olvidar algo tan obvio puede generar en padres y profesores mucho estrés y preocupación. Cuando se tiene en cuenta que la escolarización supone un nuevo reto -¡otro más!- para el que el niño puede no estar preparado, es más fácil encontrar la manera de prepararle y acompañarle.
Tanto padres como profesores deben modelar expectativas realistas, y tener paciencia y comprensión durante el período de adaptación. Es muy probable que el niño necesite muchos meses antes de poder seguir el ritmo y comportarse como se espera de un niño de su edad.
Recomendaciones prácticas
Las siguientes ideas pueden ser útiles a la hora de preparar y facilitar al niño su adaptación a la escuela:
-Anticípale lo que va a suceder y cómo van a ser sus rutinas los días de clase. Saber qué va a pasar ?y comprobar que sucede conforme a lo que estaba previsto- disminuye su ansiedad y aumenta su seguridad.
-Llévale a conocer el cole o la guardería antes de incorporarlo. Procura programar una o más visitas a la guardería o el colegio, de manera que puedas mostrarle las instalaciones y presentarle a las personas que lo tendrán a su cargo.
-Reafírmale en la seguridad de que le irás a buscar al final de la jornada. Esfuérzate por ser puntual a la hora de recogerle, al menos hasta que el niño asimile que siempre irás a buscarlo.
-En la medida de lo posible, pacta con el centro una incorporación paulatina. Asimilar el cambio en pequeños sorbos es siempre más fácil. Si puedes, establece un período de transición en el que el niño pase sólo unas horas en el centro.
-Prepara también a sus profesores o cuidadores. Puesto que tu hijo ha tenido unas vivencias muy diferentes a las de los demás niños, es natural que sus reacciones no siempre sean equiparables. Pide una cita para explicar a los educadores aquello que creas que necesitan saber para entender mejor a tu hijo.
-Recuerda que lo más importante es que se sienta a gusto en el colegio. No tengas prisa ni le presiones para que llegue cuanto antes al nivel de su clase.