Tu guía de adopciones
Las familias adoptivas son familias como las demás, ni mejores ni peores. Sin embargo, tienen que hacer frente a algunas tareas específicas.
Beatriz San Román
01/11/2007
No cabe duda de que la adopción constituye auténticas familias, ni mejores ni peores que las demás. Legalmente somos exactamente iguales, con los mismos derechos y deberes. Ser padres, lleguen nuestros hijos a nosotros por el camino que lleguen, es una labor apasionante que nos proporciona muchas satisfacciones. Hay días en que nuestros hijos nos hacen sentir enormemente afortunados, y días en que los retos y las dificultades en su educación nos estresan y nos preocupan. En eso, tampoco somos diferentes de las demás familias.
Como cualquier padre, queremos que nuestros hijos crezcan sanos y se conviertan en adultos felices y equilibrados. Cada hijo nos planteará unos retos únicos a los que debemos ser capaces de responder adecuadamente. Como familia adoptiva, una gran parte de nuestra labor es similar a la de cualquier padre, pero también es verdad que tenemos algunos retos y tareas que otros no tienen:
- La adaptación mutua
- La reparación de las secuelas que puedan haber dejado el abandono, la institucionalización y la falta de cuidados apropiados
- La necesidad de explicarles a nuestros hijos su historia y el modo en que llegaron a nuestra familia
- Si nuestro físico es muy diferente al de nuestros hijos, tendremos que hacer frente a las preguntas de los demás sobre nuestra familia y la adopción
Las familias que adoptaron hace quince años tuvieron que afrontar estos retos en solitario. Gracias a su testimonio, a los estudios que se han hecho y a la experiencia de países con más tradición en la adopción, hoy podemos informarnos y buscar apoyo.
Ser buenos padres no significa saberlo todo, significa estar abiertos a entender qué necesitan nuestros hijos y buscar la manera de procurárselo. Ser familia adoptiva es una experiencia muy enriquecedora, pero conlleva algunos retos específicos. Somos familias como las demás, pero es innegable que en nuestros hogares se dan algunas situaciones y necesidades distintas a las de las familias biológicas. Normalizar nuestras familias significa entender nuestras diferencias como normales, y prepararnos para enfrentarlas.