adopciones
Puede que tu hijo se enfade o entristezca al hablar, o pensar, sobre su adopción o su pasado.
BEATRIZ SAN ROMÁN
Ayudar a tu hijo a asimilar su historia no se limita a irle transmitiendo la información a medida que está preparado para procesarla. Significa también ayudarle a digerir las emociones que este proceso conlleva.
A los padres nos gustaría creer que, si hablamos de ello con las palabras adecuadas, nuestros hijos encajarán sin dolor su historia. Lamentablemente, esto no es cierto. Descubrir que la vida es a veces muy injusta es siempre un proceso doloroso.
Es muy posible que tus explicaciones le hagan sentirse triste y confuso. O que se muestre en los días siguientes especialmente irascible y desafiante. Es normal. Encajar el rompecabezas de su vida y poder asimilarlo positivamente es un proceso que conlleva sentimientos difíciles, entre los que se encuentran la tristeza, el enfado y la rebeldía.
- No temas al dolor de tu hijo, es parte natural de su proceso de maduración. Compartir su sufrimiento y su tristeza no amenazan vuestra relación sino que la fortalecen.
- Hazle saber que lo que siente es normal, que le entiendes. Frases como "a mí también me hubiera gustado que las cosas fueran de otra manera" le permiten percibir que entiendes lo que le pasa y que estás de su lado.
- El dolor tiene muchas formas, no lo confundas con un ataque personal. Cuando un adolescente te grita que no eres su padre -o un niño de primaria enfurruñado te suelta "me gustaría que estuvieras muerta"- está tratando de canalizar su angustia y sus temores. No te hagas el ofendido, lo que necesita es que le acompañes en esta etapa difícil y le reafirmes en que ahora eres su padre para siempre, y en que siempre vas a estar de su lado.
- No escatimes las muestras de cariño y los momentos de mimos y risas compartidas. Cuando tu hijo sienta que se reabren las heridas de su pasado, las demostraciones de afecto, los abrazos y las caricias actúan como un bálsamo que alivia su sufrimiento.