Tu guía de adopciones
Ideas sencillas y prácticas para favorecer la vinculación a cualquier edad.
BEATRIZ SAN ROMÁN
22/09/2008
El apego entre un bebé y la persona que le cuida surge de forma natural. Cada vez que se atienden sus necesidades, que se le acuna o consuela, el bebé aprende a confiar y a querer a su cuidador. Vincularse con un niño algo (o mucho) mayor no es muy diferente. Cada vez que sus padres le dan lo que necesita y le tratan con respeto y cariño, se van creando y fortaleciendo los lazos que les unirán de por vida.
Puede que al principio tu hijo se resista, que le cueste dejarse querer. Las siguientes ideas pueden ayudarte a fomentar un apego sano, con independencia de la edad de tu hijo:
- Dedícale mucha atención exclusiva y disfruta con ello. Los momentos felices de intimidad son la base de las relaciones de cariño y afecto. Reíd, jugad, bailad y cantad juntos siempre que tengáis ocasión.
- Tócale con frecuencia: masajes, caricias, etc. Puede que al principio los abrazos y las señales físicas de afecto tengan que ser más cortas de lo que te gustaría. Si se resiste, no lo fuerces; busca ocasiones breves pero frecuentes de contacto físico que le resulten agradables.
- Mírale a los ojos cuando le hablas y cuando lo estáis pasando bien juntos. Jugar al cucú-tras o a imitar muecas propician la ocasión de establecer un contacto visual agradable para ambos. Darle alimento directamente de tu mano a la boca es también una manera de establecer una proximidad positiva.
- Préstale mucha atención cuando se caiga o se haga daño. No escatimes las tiritas. Puede que tu hijo esté acostumbrado a que nadie le haga caso y no te reclame cuando algo le incomoda, demuéstrale que ahora sí tiene quién se ocupe de él.