La leyenda de Drácula es uno de los principales atractivos de Rumania, un país poco conocido que puede ser un destino ideal para los novios que deseen salirse del clásico viaje de sol y playa.
PARASABER
El personaje del Conde Drácula nació a finales del siglo XIX de la pluma del escritor irlandés Bram Stoker, que se inspiró en la figura del príncipe rumano del siglo XV Vlad Tepes y en las leyendas de vampiros de la Europa Oriental para crearlo.
Valiente, sanguinario y fiero luchador contra los invasores turcos, las historias de sádicas torturas por placer en torno a quien fuera conocido como Vlad El Empalador. El Ministerio de Turismo rumano huye cada vez de ser identificado con este sanguinario mito, pero no puede evitar que el castillo de Vlad Tepes sea el segundo lugar histórico más visitado del país.
El castillo de Bran es una fortaleza medieval, situado cerca de Bra?ov en Transilvania que tiene la categoría de monumento nacional, no por su relación con la novela de Stoker quien se inspiró en esta fortaleza, si no por su antigüedad y arquitectura.
La Wikipedia asegura que "no hay evidencias físicas de que Vlad viviera allí, y según la mayoría de versiones, el Empalador pasó sólo dos días en el castillo, encerrado en una mazmorra, cuando la región estaba ocupada por el Imperio otomano". Pese a todo, son los miles de turistas que visitan el castillo de Bran atraídos por el mito del vampiro.
Transilvania ofrece otras muchas atracciones turísticas como la ciudad monumental de Sibiu. Esta población de los Cárpatos, refleja esa imagen de Transilvania mítica y cinematográfica donde se acumula la niebla densa y abundan los bosques prietos; donde la línea de montañas dibuja un horizonte irregular, dramático, que tan bien pegaba con las andanzas del literario conde Drácula.
Pero Rumania ofrece muchos destinos sorprendentes en un país desconocido con unos precios más que interesantes.