Son legalmente imprescindibles para dar fe y testificar con su firma la celebración del enlace.
CARMEN TORRES
Su propia denominación identifica su función aparentemente protocolaria, ya que la realidad es otra.
Es común que la pareja busque entre sus familiares o amigos a los que serán testigos de su boda, para dejar constancia, con su presencia en la ceremonia y su firma una vez celebrada ésta, del compromiso adquirido.
La legislación española requiere de dos testigos e incluso, en el caso de boda civil, algunos ayuntamientos recomiendan que sean personas ajenas a la familia, o al menos que éstos nunca sean los padres de los contrayentes, pero esta es una recomendación sin carácter vinculante. La verdad es que con ello se trata de evitar algo que, aunque parezca que es imposible, a través de otras culturas todavía puede producirse: los matrimonios acordados entre los padres.
Pero al margen de lo estrictamente legal, la figura de los testigos y su elección para la pareja, por encima del protocolo, responde a cuestiones afectivas.
Señalar a un invitado como testigo no cabe duda que de alguna manera significa destacarle sobre el resto de los invitados, por lo que ésta no es una cuestión banal.
En la lista de testigos suele estar incluído el grupo familiar más cercano, y algún miembro más de la familia con el que os una un lazo especial. Es también habitual incluir a uno o dos amigos, en representación de todos los demás. Nuestra sugerencia es que, si entre vuestros invitados hay alguna personalidad pública o bien algún representante importante de vuestra empresa, no estaría de más invitarles también a firmar como testigos.
De cualquier forma, siempre es preferible que la lista de testigos sea larga, antes que generar un problema al tener que excluir a alguien.
Con respecto al protocolo, los testigos masculinos deberán vestir en la misma línea que el novio y de chaqué por supuesto, si éste así lo hiciera. En cuanto a las señoras, es conveniente evitar vestir cualquier tono que esté dentro de la gama de los blancos.
Su ubicación en la ceremonia es siempre preferente con respecto al resto de los invitados. Hay iglesias que disponen de espacio en el propio altar donde sentar a los testigos y, de no ser eso posible, tened en cuenta que siempre deberán ocupar las primeras filas de los bancos.
Con respecto a las ceremonias civiles, no olvidéis que es igualmente importante cuidar también este aspecto que les distingue sobre el resto de los invitados.
Todos ellos tendrán una foto individualizada y de grupo con los novios, por lo que su elección quedará registrada para siempre en vuestra retina y en el álbum de la boda.
Por todo ello y aunque todos y cada uno de vuestros invitados, son testigos únicos de vuestro amor y del compromiso adquirido, es un hecho que decidir cuales serán vuestros testigos oficiales, es un tema importante y quizás también un poco delicado que deberéis tratar con delicadeza y "mano izquierda".