Tu guía de bodas
Actualmente, todas las bodas que terminan con Baile en el mismo enclave donde se ha celebrado el banquete, contratan el servicio de barra libre.
CARMEN TORRES
31/03/2008
Este elemento, opcional hace años, se ha convertido en práctica obligada, y ningún invitado se plantea pagar la última copa.
Como todas las tendencias más novedosas, este hecho responde en primer lugar al esmero con el que las parejas cuidan todos los detalles para que sus invitados queden plenamente satisfechos, pero también al uso más racional de la bebida, entre los asistentes a banquetes. No podemos obviar que hace 10 años, la apertura de la barra libre suponía casi un asalto a la "alcoholera del lugar", y la barra libre podría incrementar desmesuradamente el precio final del convite.
Hoy, existen múltiples motivos para que no se produzca un abuso de este servicio. Solamente las restricciones policiales para los niveles de alcohol durante la conducción, ya es un elemento fundamental a la hora de disminuir el número de consumiciones, y por supuesto una mejora en la calidad de las bebidas y el mayor nivel educacional de la sociedad en general.
Así pues, una vez dispuestos a contratar este servicio, debéis saber:
Modalidades de contratación:
* Pagando una cantidad durante un tiempo determinado. El precio está entre los 10 y los 20 Euros por persona, mayor de edad y durante aproximadamente dos horas. Se puede incrementar posteriormente el tiempo, aumentando unos 5 Euros persona.
* Por tiquets: Los novios compran una serie de tiquets que reparten entre sus invitados para intercambiarlos por bebidas con alcohol o sin él.
* Por botellas: En algunos lugares, permiten que las parejas lleven el alcohol que crean que se va a consumir y luego el Restaurante les cobra los refrescos.
Las dos últimas modalidades, están en vías de extinción, y las razones son bastante obvias.
Con los tiquets, los más rápidos serán los más beneficiados, y la picaresca es un don natural por estas tierras. Personalmente he visto acumular "cubatas" en las mesas de los más espabilados ante las miradas suspicaces del resto.
En el caso de las botellas, es fácil pecar de exceso o de defecto y corréis el riesgo de que por querer ahorrar, os resulte más caro.
Pero además... seguro que coincidiréis conmigo en que ninguna de ellas resulta especialmente elegante.